Costa Oeste de Estados Unidos. Día 7 Bryce Canyon, Zion National Park y Las Vegas

Bryce Canyon
Bryce Canyon

Regresamos al Bryce Canyon para retomar lo que habíamos empezado. Volvimos a saludar a los perrillos de las praderas que seguían en su espacio. Llegamos bien prontito para que la subida final fuera menos dura. Hay que tener en cuenta que si bajas a un cañón ¡luego hay que subirlo! Y mereció la pena.

Camino de subida, Bryce Canyon
Camino de subida, Bryce Canyon

La bajada del Navajo Loop fue fácil y en zig zag, para que la pendiente fuera menor. Sigues un sendero para visitar el cañón desde abajo y ver las formaciones desde su base. Desde arriba parece una cama de pinchos de un faquir pero al bajar la visión cambia por completo. Sorprende la magnificencia de las formaciones, enredadas por la mismísima naturaleza. Árboles naciendo en rincones imposibles, rodeados solamente de tierra.

Bryce Canyon National Park
Bryce Canyon National Park

Después de unos kilómetros de caminata quedaba la subida y el sol caía a plomo a pesar de ser las primeras horas de la mañana. La pendiente era más que evidente. Muchas personas titubeban antes de comenzar su descenso al ver nuestras encendidas mejillas.

Bryce Canyon National Park
Bryce Canyon National Park

Me despedi del parque de Bryce realizando unas cuantas fotos. Porque al igual que en el Monument Valley la luz mejora a medida que el día se apaga, en este parque el entorno mejora en las primeras horas de la mañana.

Nos fuimos hacia nuestro nuevo destino: el Parque de Zion. Habíamos leído que este parque era el que menos le gustaba a la gente, después de haber alucinado con los anteriores. Yo tampoco me atrevo a decir eso. Los Parques Nacionales son tan diferentes que cada uno tiene su encanto.

Quizás esta opinión se haya creado porque el entorno puede asemejarse más a los parajes europeos. Muchos árboles, cascadas y río. Pero el entorno es maravilloso, unas enormes montañas verticales que ni siquiera caben en el objetivo de la cámara.

Zion National Park
Zion National Park

Hicimos el trekking hacia los Narrows, que finaliza cruzando el río para meterte en una gruta donde veías una cascada). No ibamos con la idea de cruzarlo porque no teníamos el equipo necesario, pero la ausencia de lluvias este año hacían que el río fuese muy bajo. Aún así las cámaras y los móviles no resistirían a un resbalón entre las piedras. ¡Ahí nos arrepentimos de no haber llevado un bastón!

Volvimos sobre nuestros pasos para hacer otra ruta y ver unas cascadas (Emerald pools) mientras nos cruzábamos con un montón de familias americanas que iban a pasar el día en el parque. También había campamentos de adolescentes haciendo juegos en el río.

Después de los trekkings y de un calor sofocante nos fuimos hacia ¡Las Vegas!.

Unos días de intensa naturaleza culminaría en una de las ciudades más bulliciosas que he conocido. Nada más entrar comienzan las complicaciones. El sencillo hecho de encontrar la entrada a tu hotel se convierte en una verdadera odisea. Encima nos alojábamos en el Caesars Palace, ni más ni menos.

Caesars Palace Hotel
Caesars Palace Hotel

Para llegar a la recepción desde el parking tienes que atravesar el Casino (principal máxima en Las Vegas). Una duchita rápida para quitarnos todo el sudor y el polvo del día y para, por supuesto, estar un poco más adecuados para la ciudad del pecado.

Nos dimos un paseo por el centro comercial de nuestro hotel y empezamos a alucinar. Era como las calles de Roma donde parecía no oscurecer. ¡Un techo pintado con cielo y nubes custodiaban todo tu camino!

Salimos de nuestro hotel para adentrarnos entre la masa humana que se había covertido Las Vegas. Después de disfrutar del atardecer y el comienzo de encendido de luces, decidimos adquirir el bono que te permite comer 24 horas en ciertos buffets por un reducido precio. Las inmesas colas que se formaban en las entradas de los restaurantes nos hicieron cambiar de opinión. No teníamos ganas de esperar mucho tiempo de pie después del cansancio de todo el día. Tampoco nos apetecía “pelearnos” con la muchedumbre por la comida. Y otra razón importante: no teníamos claro que con toda la cola que había nos diese tiempo a cenar (el bono era hasta las 10 de la noche creo recordar)

Hotel Paris
Hotel Paris

Así que nos fuimos en busca de un restaurante agradable donde picar algo. Cual fue nuestra sorpresa que todos estaban a reventar y después de ver varios, acabamos comiendo en un restaurante situado dentro del Planet Hollywood. Fuimos a lo seguro y nos pedidos una ensalada Caprese (aquí en España mozarella con tomate con un aliño de albahaca), unas Potato Skins (patatas con bacon) y unos Nachos (todo el mundo sabe que son unos Nachos). Bien, pues ellos no.

La cosa empezó bien, las Potato Skins estaban ricas y con el hambre que teníamos más. La ensalada Caprese consistía en hojas de albahaca como si fuese lechuga, con tomate y un poco de mozarella. Me sentía un poco dromedario comiendo tanta hoja, pero al final te acostumbras.

Y llegó la aberración del día. Los nachos pueden estar mejores o peores, que les echen unas cosas u otras. Que el guacamole esté más bueno o menos bueno. Pero lo básico y fundamental son las tortillas triangulares. Bien. Nos trajeron el gigantesco plato que os adjunto formado por una especie de patatas fritas en aceite reusado. El guacamole sabía a petróleo venezolano. El pollo parecía haberse criado bajo la atenta mirada del mismísimo Abraham Lincoln (por los años que debía tener) Dejamos la ración enterita y a la camarera no le debió dar curiosidad por saber qué le pasaban a los nachos porque se limitó a preguntarnos que si los habíamos terminado. ¡Señoraaa, que el plato está sin tocar! ¡No se haga la orejas! Pues sí, se lo hizo. Y la ausencia de propina fue nuestra contestación.

nachos
Nachos

Nos salió la vena mexicana y nos fuimos como si nos hubiese poseído el espíritu de Cantinflas. Pero de repente todo se disipó. Llegó la paz, la emoción, el mejor espectáculo de Las Vegas: la fuente del hotel Bellagio. El agua danzaba al ritmo del Fly me to the moon de Frank Sinatra.

Y como todos sabemos…. La música amansa a las fieras

Fotos: Nikon D80 y iPhone 5 by Araceli Rodríguez ©

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