Brothers Burger, un restaurante apto para todos los públicos

cartel burger

Si pensabas que cenar en pareja se había acabado desde la llegada de tu hijo al mundo, estás muy confundido. Si creías que la única solución para “deshacerte” de ese ser canijo e inquieto durante un par de horas era llamar a los abuelos, te equivocas. La mezcla niños pequeños y comida tranquila es factible, de una manera fácil y deliciosa. Ya no necesitas “abusar” de la generosidad de la familia para disfrutar de la quietud de un restaurante. En “Brothers Burger”, en Boadilla del Monte, puedes combinar hijos y comida, sin que ninguno de los dos te resulte indigesto.

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Llegamos a este restaurante por casualidad, para tomarnos unas cervezas en su magnífica terraza, que en invierno cierran y aclimatan. La simpatía del personal nos llamó la atención ya de entrada. Las cañas dobles, bien tiradas, refrescaron nuestros gaznates después de correr un buen rato detrás de una rubia diablilla de angelical rostro. Mientras la pequeña comensal hacía trabajar a todos los que queríamos una velada serena para bucear en nuestra cerveza, el camarero se nos acercó para informarnos sobre la ludoteca. Nuestros ojos se abrieron cual lechuza imperial y se nos expandió la sonrisa como si nos hubiesen rajado los mofletes, pensando que podríamos entretener a la enana de una manera fácil y divertida.

Podríamos bajar a cenar a su planta inferior, mientras veíamos a la pequeña jugar tras un cristal.

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Pero la cosa mejoraba a medida que pasaban los segundos, ya que nos dijeron que una amable joven cuidaría del adorable monstruito rubio. La pequeñaja jugaría bajo la supervisión de una profesional mientras debatíamos temas tan triviales como el calentamiento global, o el tratamiento de protones en la tecnología nuclear; es decir sobre nuestro día a día vaya.

A pesar de que nos vieron tan imbuidos en semejante torrente de cultura, el camarero osó introducirse en nuestro Ágora particular para obsequiarnos con una tablet durante nuestra estancia. A través de ella puedes ver a los niños jugar en la ludoteca, gracias a las cámaras que tienen instaladas por todo el local. Aunque la verdad, viendo lo bien que la trataba su cuidadora y cómo se lo estaba pasando, no se hacía ni necesario.

Con tanto desgaste mental, como es obvio, nuestros estómagos comenzaron a rugir cual león de la Metro Goldwyn Mayer. Nos animamos a pedir algo de comer, porque la ocasión lo merecía y el buen ambiente también. La carta es extensa en su justa medida, sin llegar a abrumar con su variedad de platos. Entrantes como nachos, palitos de mozzarella, ensaladas… son una manera perfecta de tomar contacto con su plato fuerte: las hamburguesas.

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En ellas sí se abre un abanico de posibilidades donde la duda comienza a asaltar tu mente para quedarse un buen rato. Un montón de deliciosas combinaciones para todos los gustos.

Sabores como barbacoa, Pedro Ximénez, o guacamole se añaden a una carne tierna que hará que tus papilas gustativas no quieran dejar de funcionar.

Además, puedes elegir el tipo de carne (ternera o buey) y su gramaje, la clase de pan (mollete o típico de hamburguesa), y acompañamiento (patatas asadas, fritas o ensalada).

Para los niños también tienen menú infantil muy completo y de buen de precio. Lo difícil es arrastrar a la personita desde el paraíso de bolas a la mesa.

Terminamos de pedir y cada minuto se hacía eterno. Nuestra imaginación se ponía en forma dibujando los platos que iban a aparecer tras las inmensas cristaleras que te permiten ver la minimalista, elegante y moderna decoración de todo el local.

Una bandeja salió en dirección a la terraza con césped artificial y cómodas sillas donde nos sentábamos. Esos exquisitos palitos de mozarella llevaban nuestro nombre, y la salsa de frambuesa que los acompañaban nuestros apellidos. La mezcla perfecta, nada aceitosa como en otros restaurantes, para abrir apetito antes del plato fuerte.

Y de repente se produjo un desfile de formas redondas y presentación excelente que aceleraron el ritmo de nuestro corazón, que ese día conectaba directamente con nuestra nariz y ojos. Luchábamos con nuestro interior para no gritar un ¡qué pintaza! y asustar a los de nuestro alrededor.

Di el primer bocado temerosa. El local es espectacular, el personal no puede ser mejor, cuidan de los niños, buena presentación… ¡no puede estar buena! Pero sí, lo estaba y mucho. El precio de la hamburguesa podría encuadrarse dentro de los restaurantes americanos especializados que ofrecen este tipo de producto, con la diferencia que en ¡Brothers Burger acertarás seguro!

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