Galicia, embrujo gastronómico

zamburiñas

El pasado puente de agosto he tenido la suerte de poder regresar a casa. Y lo hice por la puerta grande. Después de un verano más o menos revuelto, el sol lucía con gallardía y calentaba con fuerza. A pesar de la buena temperatura, no tuve tiempo de darme un chapuzón en sus refrescantes aguas, porque mis intenciones eran meramente gastronómicas. Un viaje a la Costa Oeste de Estados Unidos, y unos días por el Levante, hace que la playa pase a un término secundario y te centres en lo que te pide el estómago: los manjares de la tierra. Está mal que yo lo diga, pero la cocina gallega es la mejor del mundo. Y punto 😉

Y amanecer junto al mar, es simplemente increíble. El ser humano es un ser despreciable como poco. La manera en que devalúas las cosas habituales, el día a día, hace que te odies cada día más cuando las pierdes. Y aunque yo no lo he perdido porque vuelvo cuando quiero, pensar que ésta era la imagen que llenaba mis pupilas desde mi nacimiento, hasta mi época universitaria, hace que mis ojos se sientan cuanto menos, desdichados, Levantarte de la cama en casa de mamá y al desperezarte ver esto, no tiene precio.

Ría de VigoEl día estaba tan despejado que se veían con claridad las islas Cíes al fondo. Con un día así es imposible no sonreír y sentirte más en casa que nunca.

autorretrato

Yo y mi yo en modo relax

Ría de Vigo

Ría de Vigo

Ensenada de San Simón, Cesantes

Ensenada de San Simón, Cesantes

El primer destino fue en el restaurante Veiramar en Arcade, quizás el mejor lugar para comer un buen marisco. Para mí, es parada obligada cada vez que regreso a mi tierra. El producto es de la mejor calidad y hecho con todo el amor que desprenden sus propios dueños. El marisco es sencillamente espectacular, el arroz con bogavante exquisito (y el mejor que he probado), la empanada inmejorable y los postres caseros y deliciosos. Os dejo una imagen del arroz con bogavante que nos pedimos para dos (que comen cuatro). El bogavante va enterito y, como se puede ver, casi hay más bicho que arroz. ¿A que os apetece uno? 🙂

Otra de mis paradas fue en el restaurante Casal do Umia, en Oubiña, Cambados. Una fantástica casa rural en la que apetece quedarse. No muy lejos de la playa, perdido entre viñedos y campiñas, se esconde este coqueto restaurante con una cocina digna de la Guía Michelín. En el mismo pudimos degustar: almejas a la sartén, zamburiñas a la plancha y unos chocos en su tinta sabrosísimos. Para regar esta magnífica comida, la mejor cerveza del mundo 2014, la 1906 Red Vintage “La Colorada” de Estrella Galicia. ¡Deliciosa! Pero con bastantes grados, eso sí. Así que si te pasas, a relajarte debajo de los árboles que se encuentran en la entrada del restaurante.

Casal do Umia

Casal do Umia

Almejas a la sartén

Almejas a la sartén

Navajas

Navajas

Chocos en su tinta

Chocos en su tinta

Estrella Galicia Red Vintage

Estrella Galicia Red Vintage

Para emular a nuestro querido Presidente del Gobierno, fuimos a dar un paseo por las inmediaciones del Monasterio de Armenteria, en la combarca de O Salnés. El paraje es maravilloso y si continúas hacia la cima puedes observar la ría de Pontevedra a un lado y la de Arosa al otro.

iglesia

Ría de Pontevedra

Ría de Pontevedra vista desde O Salnés

Caballos en libertad

Caballos en libertad

Como estábamos por la zona, no queríamos dejar de conocer la localidad de Cambados. Una precioso municipio, cuna del albariño, donde te costará contar la cantidad de pazos que alberga. Un bello rincón de Galicia que merece la pena conocer.

Cambados

Cambados

Cambados

Cambados

Cambados

Cambados

Puesta de sol en Cambados

Puesta de sol en Cambados

Puesta de sol en Cambados

Puesta de sol en Cambados

Para finalizar el día nos dirigimos a Cobas, la milla de oro de los furanchos. Los furanchos se crearon para dar salida al vino sobrante de las casas y hoy en día son una especie de taperías con vino de calidad y diferentes productos de la tierra hechos de manera casera. Pedimos unas tostas de raxo con queso brie, una típica (pero no por eso menos buena tortilla) y un riquísimo pulpo que combinó a la perfección con el exquisito vino blanco que ofertaban.

Estos furanchos son de lo más populares, tanto, que cuando terminamos de cenar, una larga cola se extendía hacia el exterior de cada uno de ellos. Si tenéis la oportunidad, no dudéis en visitar esos pequeños rincones cargados de tradición.

Después de mi fin de semana de buen comer, entenderéis que me costó la vida encaminarme de nuevo a Madrid. Por lo menos, ahora pertezco a una nueva tribu urabana, “Fillos de Breogán”, un genial guiño de la marca Rei Zentolo a la serie americana Sons of Anarchy.

 

Fotos: iPhone 5 by Araceli Rodríguez ©

7 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *