Día 1-2. Llegada a Osaka y primer día en Kioto

Kodaiji
Kodaiji

Después de casi un día de viaje llegamos a Osaka con ganas de llegar a destino final y descansar. Pero antes de eso tendríamos que pasar la eterna cola de la aduana. Muy bien organizada pero con demasiada taquillas para los japoneses, lo que suponía aglomeración para los extranjeros. Al final nos comimos una horita y media de cola antes de rebasar la frontera aduanera. Eso sí, ningún problema.

Ahora quedaba coger el tren para dirigirnos a hasta Kioto, que sería nuestra primera ciudad de alojamiento. Aprovechando que nos subiríamos en el tren para llegar a destino, activamos nuestra Japan Rail Pass.

Habíamos leído que para asegurarte plaza en los trenes, es bastante recomendable reservar, así que nos dispusimos a ello.

Como había bastante gente esperando en las taquillas, nos dio apuro y decidimos madrugar al día siguiente y hacerlo ya en Kioto.

Los vagones de los Shinkasen (tren bala) están divididos entre “reservado y no reservado”. Por lo que si tú vas con tu plaza asignada, te subes y listo. Por otra parte, en los no reservados tienes que hacer cola en el andén y sentarte donde haya hueco. Pero no vimos ningún tipo de problema para subirte a ninguno.

Después de casi una hora de trayecto llegamos a Kioto y nos dispusimos a buscar el apartamento que teníamos reservado. Unos días antes nos llegó un email con las instrucciones para abrir el portal y subir hasta nuestro primer hogar: los apartamentos CMM Kyoto Ekimae, a 20 metros de la estación. Como llegamos sobre las 10 de la noche, las oficinas no estaban abiertas así que amablemente nos dejaron las instrucciones en el buzón. En uno de ellos estaba mi nombre y una carpeta con todo lo necesario para entrar y manejarte en el apartamento.

Cuando reservamos solo quedaba una habitación con una cama individual (muy cómoda) y un futón. El apartamento tenía todo lo necesario para pasar las 6 noches que teníamos en Kioto. Secador, microondas, lavadora, televisión, baño totalmente equipado, detergente, cubertería, zapatillas… No nos faltó de nada! Todo muy nuevo, limpio e insonorizado.

Nos faltó tiempo para coger la cama y soñar con nuestro siguiente primer día en Japón.

El día amaneció soleado y nosotros con muchas ganas de comenzar nuestra aventura nipona. Nuestra primera parada fue el templo de Sanjusangendo, con un montón de estatuas en fila india en su interior. La paz que emanaba el templo era increíble. El silencio, el olor a incienso y los cantos de un monje me lanzaron directamente al corazón de su cultura. Para acceder a su interior se paga, pero a mí me parece que merece la pena!

Sansusagendo
Sansusagendo

El siguiente templo es el Kiyomizu Dera, el que más me gustó de Kioto. Cuando llegamos nos sorprendió la cantidad de colegios que se encontraban visitando el templo, y que sería una constante en cada uno al que nos desplazamos. Pensamos quizás que fuimos en un mes perfecto para que los profesores llevasen a sus alumnos a conocer su historia, ya que hacía calor, es un mes seco y al final del año estudiantil.

Kiyomizu Dera
Templo Kiyomizu Dera
Kiyomizu Dera
Templo Kiyomizu Dera
Templo Kiyomizu Dera
Templo Kiyomizu Dera
 Kiyomizu Dera
Templo Kiyomizu Dera

Después de que me llamasen Lady Gaga tuve que concentrarme para seguir admirando la belleza de este templo. En el mismo puedes hacer varias cosas, desde caminar entre dos piedras para asegurarte encontrar el amor, hasta beber el agua de la eterna salud. Todo ello en un marco incomparable de vegetación y arte.

Impactada con la toma de contacto, nos dirigimos a las calles Ninen-Zaka y Sannen-Zaka. Calles tradicionales con tiendas, restaurantes, lugares donde disfrutar de la ceremonia del té… Por lo que en esta zona podrías encontrarte a alguna geisha que trabaje en las mismas. Nosotros vimos a una, que se dirigía rápidamente a alguno de estos lugares.

En estas calles, y aledañas, te podrás comprar muchos souvenires típicos. Nosotros nos dejamos muchas cosas para comprar en Tokio para no cargar con ellas. Cuando llegamos a la ciudad pensamos haber cometido un error, pero en la ciudad hay un lugar perfecto para conseguir todo tipo de recuerdos… Ya os iré contando.

paraguas
Calle Ninen-Zaka

En Japón no quedan muchas geishas, por lo que no se supone que no es demasiado habitual encontrártelas, aunque nosotros tuvimos la suerte de ver a alguna. En Kioto hay muchas asiáticas que se alquilan el kimono y se peinan como ellas, por lo que podrías pensar que se trata de una cuando no. Lo que sí que nos fijamos que las “turistas” no se pintan la cara de blanco.

Después visitamos el Kodaiji-ji que tiene un pequeño bosque de bambús y un precioso jardín seco.

Kodaiji-ji
Kodaiji-ji
 Kodaiji-ji
Kodaiji-ji
 Kodaiji-ji
Kodaiji-ji

Tanta visita requería una parada para retomar fuerzas y nos dirigimos al Parque Maruyama-koen que cuenta con un lago repleto de carpas, tortugas e incluyo… ¡grullas! Es un lugar perfecto donde tomar un refrigerio y algo de comida rápida en los puestos del parque.

Parque Maruyama-koen
Parque Maruyama-koen

De ahí nos fuimos andando a un Tori del Templo Heian Gunju, un tori gigante que sirve de puerta en una transitada calle de Kioto. Paseando junto a ella puedes ver el zoo, situado al Museo del Agua pegado al canal.

Tori del Templo Heian Gunju
Tori del Templo Heian Gunju

Dentro de Japón también tienen reminiscencias a uno de sus países vecinos, como el templo chino Heian-Jinju, donde se desarrolla una escena en la película Lost in Translation. Se nota en seguida la diferencia con los templos japoneses.

Heian-Jinju
Uno de los templos de Heian-Jinju
Uno de los templos de Heian-Jinju
Uno de los templos de Heian-Jinju

Siguiente el mundo cinéfilo, acudimos al templo Chion-in, donde podrás ver las famosas escaleras de El último Samurai. El Templo cuenta con una magnífica puerta, una de las más grandes de Japón.

Templo Chion-in
Escaleras del templo Chion-in

El templo Shoren-in cuenta con uno de los jardines secos más bellos del país. Es increíble la tranquilidad que te embarga cuando te sientas a admirar la sencillez y belleza del mismo. Una sensación que merece la pena vivir y que sirve para entender la filosofía zen.

El siguiente templo a conocer fue el Nanzen-ji y de camino pudimos ver el Konchi-in y el Tenju-an.

El templo Nanzen-ji es de lo más peculiar. Su visita por dentro es espectacular, sobre todo porque puedes acabar tomando té en la sinuosidad de una habitación con vistas a una relajante cascada. Y fuera te encontrarás con un ¡acueducto!

Nanzen-ji
Templo Nanzen-ji
Templo Nanzen-ji
Templo Nanzen-ji

El estómago rugía y estuvimos listos para nuestro primer menú japonés antes de entrar en el Camino de la Filosofia. En un restaurante chiquitito gobernado por dos mujeres mayores nos tomamos okomomiyaki que te preparaban en tu propia plancha en la mesa. He de decir que no soy demasiado fan de este producto japonés pero estaba muy bueno y las mujeres muy amables.

El Okonomiyaki es una especie de pizza japonesa donde tu eliges los ingredientes

El Camino de la Filosofía es un sendero que te lleva a muchos templos. Nosotros entramos en el Eikand-do, Honen-in y el Ginkaku-ji. Cada uno con su particular belleza.

Templo Honen-in
Templo Honen-in
Templo Hinkaku-ji
Templo Ginkaku-ji
Templo Hinkaku-ji
Templo Hinkaku-ji

Después de nuestro “empacho” de templos nos fuimos a Gion, el barrio de geishas por excelencia. Este barrio tiene mucha vida y es un buen lugar donde cenar, sobre todo si se pretende disfrutar de una cena kaiseki (típica japonesa con un montón de platos). También se puede ver un espectáculo de geishas en el Teatro Gion Corner (en la calle Hanami-koji), donde al pasar salían todas las geishas a dar un paseo. ¡Gran momento!

Geishas paseando por Hanami-koji
Geishas paseando por Hanami-koji

geishas

Las calles más bonitas de la zona son Migawacho-dori, Hanami-koji, Shijo-dori y Shimbasi-dori, que cuenta con un precioso canal y grullas sobrevolando la zona. Por esta zona encontramos un bar irlandés (algo no demasiado común en Japón) donde tomarnos una pinta mientras ponían el fútbol en la tele.

Migawacho-dori
Migawacho-dori
Migawacho-dori
Migawacho-dori

Esa noche habíamos planeado cenar en Pontocho, una de las zonas de restaurantes más típicas en Japón. Nada más llegar nos recibieron un montón de terrazas llenas que daban al río, pero nos parecieron muy turísticas y además estaban muy llenas. Así que acabamos cenando Kaiseki en un restaurante al principio de la calle de buen precio y mejor atención.

restaurante japonés
Un restaurante en Pontocho

Y al salir vimos ¡otra geisha! durante nuestro paseo nocturno por la zona. De ahí nos cogimos un autobús, que son bastante fáciles de entender y manejarte, de vuelta a la estación de Kioto, donde teníamos nuestro genial apartamento.

Una geisha en Pontocho
Una geisha en Pontocho

¡Day 1 clear!

Fotos: Nikon D80 y iPhone 5 by Araceli Rodríguez ©

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