Quinta temporada de Juego de Tronos: ¿quién dijo que menos es más?

juego de tronos

Ni frío ni calor, así me siento con la última temporada de Juego de Tronos. Después de un montón de meses deseando que arrancase la quinta temporada de la serie, la he terminado rozando la desgana. Puede ser que me haya visto influida en la literatura de George R. R. Martin, que poco tiene que ver con la nueva entrega, pero lo que está claro es que ya no me engancha. Hala, ya lo he dicho, directa a la yugular.

Cuando digo que poco tiene que ver con los libros, bien podría decir nada. La trama está completamente alterada, la coincidencia con la realidad es mero trámite. Aunque eso ya lo anunciaron los creadores. Afirmaron que iban a elegir su propio camino, que no seguirían la historia de Martin. Lo entiendo perfectamente señores de la HBO. Pero citando a Mou ¿puuuuur qué no lo han hecho ustedes desde el principio? Cierto es que siempre ha variado en algún aspecto la manera de contar la historia, detalles nímios, aunque bien podrían ser analizados, se veían exentos de importancia.

Por una parte espero que sea cierto que es toda invención de los señores guionistas, porque como esto suponga un vil destripe al sexto libro del señor autor, nos da un parraque.

Manteniendo al margen el significado que, para nosotros lectores, pueda tener la serie, esta temporada me ha parecido muy floja a rasgos generales. Carente de ritmo, de enlace con las historias y con un dramatismo exagerado en ciertas ocasiones ausentes de alma.

La quinta temporada de Juego de Tronos me parece una especie de quiero y no puedo. Desde mi humilde punto de vista, el hilo conductor de esta entrega promete algo que no llega a cumplir. Cada capítulo ofrece un interés (que no llega ni por asomo al de otras temporadas) que no acaba de culminar. Es una especie de calentón infinito que no acaba en orgasmo. Demasiados cabos sueltos que no se ve donde se pueden atar.

El mundo de Martin es tan extenso que pueda ser imposible de plasmar en pantallla. Pero es tan rico, que es incongruente tener que inventar algo más.

Se cuentan historias verosímiles, plausibles, pero vacías de esos drásticos matices sorpresivos de otras temporadas. Considero que se ha caído un poco en el impacto visual y se ha olvidado remover los sentimientos del telespectador, así como Martín destroza nuestras entrañas cada vez que pasas una página del libro.

Siguiendo el hilo conductor del autor, la muerte está presente en cada esquina. Pero son decesos que te arañan el corazón, pero que no te lo llegan a arrancar dejando tras de sí una huella imborrable. Son asesinatos impactantes en el momento, pero no permanecen en tu mente rebotando contra tu cráneo para intentar entender su significado. Han hecho carnaza televisiva vacía de filosofía.

Tyrion Lannister

Tyrion Lannister

Personajes rebajados de nivel, restados de importancia o que dirigen un rumbo diferente al esperado. Echo de menos los magníficos diálogos de Tyrion, acompañados de una impepinable actuación. Luchas sin sentido para intentar imprimir algo de ritmo a la serie, y elevación a los cielos de otros personajes que no se atisban de esa manera.

Quiero pensar que esta temporada ha sido mero trámite para algo mucho mejor. Un pasar de puntillas sobre un montón de historias sin exprimirle todo el jugo que puedan dar. Y sé que muchas ahí se han quedado, en la superficie.

Unos de los personajes que se podían haber destacado son las serpientes de arena. Esas niñas dolidas con Poniente en su universo desértico. Unas reinas de las artes maciales y con muy mala leche. Cada una guarda tras de sí una historia apasionante que no se plasma de ninguna de las maneras en la serie. Son como un alegre club de la lucha, que no dudan en enseñar los pechos para conseguir sus propósitos. Vuelvo a repetir, superficie.

Por ello, veo innecesario inventar más cuando puedes profundizar. Está claro que la sangre y el sexo venden, pero tampoco hace falta idearlo, que Martin ya nos da altas dosis en cada tomo.

Quizás todo esto sea motivo por quererse desligar de los libros porque Martin parece que se está tomando su tiempo para escribir el sexto. Pero una vez que lo conocieron, debieron saberlo al instante. Por lo que me parece a nivel general un error de planteamiento.

Por otra parte, hay historias que entiendo. Que podrían cuajar en el cómputo global de la quinta temporada pero, una vez finalizada su emisión, no hacen que la balanza se eleve demasiado. El nuevo consejero de Daenerys puede ser algo deseado, algo que va por el buen camino, pero que también se queda a medias.

El mayor defecto de esta temporada es que no imprime pasión, es como una relación desgastada por la falta de innovación durante los años.

Me falta el sentimiento de lo desconocido, de ese no saber qué va a pasar (a pesar de conocerlo de antemano por los libros y que no me había importado), esa sobredosis de expectación y los diálogos cargados de profundidad que ahonda en la composición de los personajes.

Lo que podría ser de alabar es la concreción de las historias para que el espectador no se pierda, tal y como han hecho en las temporadas anteriores. Lo breve dos veces bueno, parece que no se cumple en la quinta temporada de Juego de Tronos porque se mezcla con un me voy por los cerros de Úbeda en muchas ocasiones. ¿Qué pasa con Margaery?, ¿qué ha sido de Bran?, ¿qué ha hecho Tommen?… ¿Muchas preguntas que se responderán en la sexta temporada? Fingers crossed.

Continúa siendo impecable la escenografía, el vestuario, los efectos especiales y el montaje. Eso sin lugar a dudas. Majestuosa es la interpretación de Indira Varma como Ellaria Arena, su frío y enigmático carisma me han encandilado.

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Ellaria Arena

El final de la temporada me deja como si quedase la mitad, como si faltase algo. Una templanza que no se remedia con un final desolador para uno o varios protagonistas. Esa historia inteligente tejida gracias al suspense, al drama, a la pasión, al dolor y a la locura. Lo que le falta a la quinta temporada es Martin. Aunque eso era previsible porque Martin, es mucho Martin.

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