Vigo, belleza vertical

Plaza de España
Plaza de España, Vigo

Comienza Enero con su gran cuesta que todo el mundo intenta superar. Y para cuestas, la ciudad de Vigo. Estas Navidades he regresado al hogar, como culmen épico de anuncio de turrón. Así que mi propuesta de travel es sobre la bella ciudad que acaricia el Atlántico, desde el punto de vista de una gallega errante que añora su tierra con dolor desgarrador al estar lejos de ella.

Vigo es una ciudad industrial que encierra en su corazón uno de los cascos viejos más hermosos del norte. Su verticalidad esconde tradición, vanguardia, cultura y contracultura, hasta su punto más elevando: el monte de el Castro. Desde ahí se puede obtener una panorámica privilegiada del gélido Océano Atlántico haciéndose su hueco en el esplendor de la Ría de Vigo, cuna del mejor marisco (yo diría que a nivel mundial)

Al final de la Ría de Vigo, se encuentra en Puente de Rande, y al fondo la bella localidad de Redondela, lugar de nacimiento de una servidora y donde os invito a hacer una escapada si visitáis la ciudad olívica. Bajo este puente que recuerda a pequeña escala al tan fotografiado Golden Gate de San Francisco*, se libró la Batalla de Rande en el año 1702, entre las coaliciones anglo-holandesa y la hispano-francesa, durante la Guerra de Sucesión españoles. Cuenta la leyenda que en este punto que une los dos lados de la ría, yace un tesoro albergado en los galeones españoles. En el Castro se encuentra una escultura en recuerdo a esta histórica batalla y en la literatura permanece a través de Julio Verne, que convirtió al captián Nemo en el primer cazatesoros en su libro 20.000 leguas de viaje submarino.

rande

Puesta de sol desde Redondela

Pero el verdadero tesoro alojado en la Ría y que es el orgullo de cualquier vigués son las Islas Cíes. Un verdadero paraíso natural del que hay que disfrutar durante la visita a la ciudad. Un cómodo viaje en catamarán al que te subirás en el puerto deportivo te llevará a esa mezcla perfecta de naturaleza salvaje con arena. Lo mejor es hacer esta excursión en verano, así podrás disfrutar de la playa de Rodas, elegida por el diario The Guardian como la mejor playa del Mundo. Cierto es, que el agua está helada, pero la sensación de relax cuando sales de ella es incomparable. ¿Cuándo será declarada Patrimonio de la Humanidad?

Islas Cíes

Islas Cíes

Playa de Rodas

Playa de Rodas

Pero el Castro no tiene solo vistas y monumentos. Este lugar es más famoso por el yacimiento castreño que dio vida a la ciudad entre los siglos III y I a.C. Toda una verdadera riqueza cultural, que merece la pena visitar. Así como el castillo y sus verdes jardines.

Puedes abandonar el Castro por la salida de Plaza de España, donde admirar la peculiar escultura de los caballos que cabalgan hacia el cielo. Desde ahí puedes observar las dos grandes vías que bajan hacia dos lados diferentes de la ciudad. Una hacia la Plaza de América (lugar donde celebra sus victorias el Celta de Vigo), el parque de Castrelos y donde podrás continuar hacia las playas de la ciudad.

La otra bajada de la Gran Vía viguesa te encaminará hacia el centro de la ciudad, casco viejo y zona del puerto. Merece la pena bajar andando desde las alturas hasta las entrañas de la ciudad, disfrutando de la arquitectura de sus bellos edificios. Si quieres fortalecer tus glúteos, siempre puedes hacer este paseo al revés, ¡solo apto para valientes! Para los más fashionistas, la calle Urzáiz cuenta con amplias aceras por las que pasear mientras curioseas los escaparates de las tiendas de moda.

Descendiendo por esta calle te encontrarás con el lugar preferido por los ciudadanos para quedar. “La Farola”, donde siempre verás algún grupo de adolescentes preparar su “movida” tarde-noche. A partir de este lugar, puedes comenzar a pasear por la calle de Príncipe donde las tiendas de moda se agolpan, la pendiente se rebaja y la multitud se acumula. Aunque no tengas pensado comprar, un paseo por esta concurrida calle es agradecido y descansado, mientras observas la pendiente de las calles que la cruzan. Al final de la misma se encuentra la estatua de “El Sireno”, símbolo de modernidad de la ciudad, que custodia la parte más antigua.

Estatua El Sireno

Estatua El Sireno

A partir de aquí es hora de perderte entre los estrechos callejones de piedra donde la saudade se persona para soplarte en el pelo. Soportales, fachadas antiguas típicas gallegas y un montón de bares donde tomarte un vino o un café, te invitan a hacer un alto en el camino.

Casco viejo de Vigo

Casco viejo de Vigo

Casco viejo de Vigo

Casco viejo de Vigo

Siguiendo el empedrado sendero bajamos hasta nivel del mar, donde te encuentras la zona de “A Pedra”. Aquí podrás disfrutar del mejor marisco de la ciudad, así como comer ostras de pie en la calle, recién abiertas por las amables mujeres que venden su producto como si de la lonja se tratase. En la calle Pescadería no hay ni trampa ni cartón, el producto fresco directamente de la caja de madera donde se guardan.

Junto a las calles pobladas de restaurantes donde se ofrece el marisco más fresco, se encuentra un área comercial conocida como “Mercado de A Pedra”. Allí se vendían primeras marcas consideradas por la policía como imitaciones, lo que ha llevado a su clausura después de muchos años de funcionamiento. Ésta era una de las principales atracciones turísticas del lugar, ya que se encuentra muy cerca del puerto donde atracan gigantescos cruceros con visitantes ávidos de compras baratas.

El puerto de O Berbés acoge por las mañanas el mejor pescado proveniente de la pesca de bajura que llega al puerto de Vigo a diario. Sardinas, jureles, merluzas, pescadillas… se subastan en las inmediaciones del puerto.

Junto a él se encuentra el enorme centro comercial “A Laxe”, acristalado con vistas al mar. Merece la pena subir para tan sólo disfrutar de una magnífica puesta de sol, donde podemos ver esconderse al gran astro tras las islas Cíes. Porque la situación de la ciudad al oeste ofrece siempre unos atardeceres de postal, perdiéndose el sol tras el vasto manto del agua oceánica.

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El sol se pone tras las Cíes

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Puesta de Sol, O Berbés

Pegado al puerto pesquero se encuentra el deportivo, el Club Náutico, donde los apasionados del deporte marítimo tienen su lugar. Todo el paseo junto al océano es una delicia. Una amplitud de suelo de madera junto a un parque instan a la tranquilidad, a la lectura y a cualquier otra actividad de ocio para entrar en comunión con la naturaleza mientras la brisa del mar susurra en tus oídos. Si no eres de los que disfruta con este tipo de relax y prefieres el frenetismo de la ciudad, unos metros a través encontrarás las mejores terrazas de moda con vistas a la costa.

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Puerto deportivo

barcos

Barcos en el Puerto deportivo

Paralelamente al puerto se encuentra “La Alameda”, un poblado parque a modo bulevar en una transitada calle de la ciudad. Mientras paseas bajo sus frondosos árboles, puedes deleitarte con la maravillosa arquitectura y diseño de los edificios de la zona.

Vigo es la ciudad más grande de Galicia y, como tal, cuenta con una amplia oferta de ocio que satisfará los espíritus artísticos más inquietos. El Centro Cultural, el Centro Social Novacaixagalicia, el Museo MARCO, la Fundación Barrié o la Casa de las Artes son algunos de los edificios que albergan exposiciones en su interior, así como destacan por su belleza arquitectónica.

Banco Pastor

Banco Pastor

La ciudad además vive la música en todas sus arterias. Fue un pilar fundamental de la contracultura en los años ochenta, cuando se forjó la llamada “Movida de Vigo”, llegando a ser otra cuna de reivindicación en España. Grupos como Siniestro Total, Aerolíneas Federales o Golpes Bajos escupían sus ácidas críticas a través de sus versos. Y hoy algunos todavía lo siguen haciendo… Entrar en el local “La Iguana” en la calle Churruca, es una perfecta travesía musical a esta época.

Pero si hay algo en Vigo que traspasa fronteras es su gastronomía. Si bien, su marisco es lo más exquisito con lo que te puedes encontrar, su variedad gastronómica alcanza límites insospechados.

Ni que decir tiene que su pescado fresco es digno de cualquier exigente estómago. En cada restaurante de pescaditos (y en cada casa de las Rías Baixas) no pueden faltar los chinchos (jurelitos) y las xoubas (sardinitas). Toda una delicatesen para los amantes de los pequeños habitantes del mar.

Aunque lo habitual es poder tomarte un buen pulpo en cualquier bar o restaurante, lo más “enxebre” (castizo) es hacerlo en momento de fiesta, cuando los pulpeiros sacan sus enormes ollas para preparar el pulpo bajo una carpa.

Es imprescindible si visitas la ciudad, que pruebes sus deliciosos mejillones, procedentes de las bateas que pueblan toda la Ría. Además, de ser una de las señas de identidad visual, también son una perfecta opción gastronómica. Tus papilas reconocerán el buen mejillón, como nunca antes lo habían probado. Y qué mejor manera que regar tu gaznate con el perfecto maridaje para los productos del mar: un buen albariño procedente de las bodegas de la zona.

Muchos son los restaurantes y bares de tapas donde disfrutar de estos manjares en la ciudad y alrededores. En mi última visita a la ciudad repetí en un lugar bullicioso y juvenil donde tomarte un vino y acompañarlo de originales tapas elaboradas con productos galegos de primera calidad. “Somos la Pera” en la calle doctor Cadaval, en pleno centro de Vigo, te invita a probar sus diferentes tostas y raciones autóctocas. En mi caso, me pedí una tosta de queso de tetilla, jamón ibérico y huevo frito. De segundo plato merece la pena pedir su churrasco: carne de la mejor calidad hecha a la brasa.

la pera

Tosta de huevos, tetilla y jamón

Chipirones

Chipirones

Otros de los lugares donde tomar productos de calidad son los conocidos (y hoy en día tan de moda) furanchos. Unos lugares que nacieron para acabar con la excedencia de cosecha de vino y que hoy en día son locales casi vintage. Algunos de ellos tienen una carta escasa con productos como: tortilla, pimientos de padrón, zorza (carne de cerdo picante) pero otros se han convertido casi en bares normales que abren solo unos meses al año. Si bien la ciudad cuenta con muchos, si se tiene coche se pueden visitar otros en las afueras o en pueblos cercanos para disfrutar de la gastronomía de otros lugares.

Pero si hay algo que me hace sentir orgullosa (por si todo lo anterior no fuera suficiente) y crecer en mí una enredadera de morriña, es su gente. Hospitalarios, amables, serviciales, honestos, legales, y con ese ápice de melancolía en su habla, hace que el carácter gallego me llene y haga que, por muchos años que lleve viviendo en Madrid, siempre seré gallega.

*CURIOSIDAD: He encontrado varios aspectos que hermanan a la ciudad de Vigo con San Francisco. Ambas se encuentran al noroeste de sus territorios (España y California), las dos poseen un puente parecido (el de Rande y el Golden Gate), tienen un Castro (el monte gallego y el barrio gay americano), son ciudades que han vivido la contracultura (la Movida de Vigo y el movimiento gay en San Francisco), las dos cuentan con memorables islas (las Cíes y Alcatraz), si tomas un barco y te alejas de la costa la imagen es muy similar (a falta de rascacielos), las cuestas de ambas dibujan la configuración arquitectónica de la ciudad, en ambas la niebla es palpable así como la lluvia, su clima es suave y el marisco está a la orden del día. Y lo más importante: son ciudades preciosas bañadas por el océano (Atlántico y Pacífico)

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