Malala merecía un día mejor

chica triste
Photo Credit: zilverbat. via Compfight cc

Ayer fue un día triste para la humanidad en general y para la mujer el particular. Cuando parecía todo lo contrario, que sería un día para celebrar con el reconocimiento del Nobel de la Paz para Malala Yousafzai por su lucha para que todas las niñas del mundo tuvieran acceso a la educación, el mundo reacciona impasible ante un nuevo ejercicio de la ley sálica (por mucho que la quieran maquillar llamándola agnaticia) con el nombramiento de heredero de la Casa Real de Mónaco, al mellizo “niño”, por su género, a pesar de que su hermana haya nacido antes.

Esta ley discriminatoria, propia del medievo, como alguna que otra costumbre en este santo y católico país, sigue vigente aquí en territorio ibérico. La ley sálica prohibía a una mujer reinar de ningún tipo de las maneras. Hoy en día no son tan duros, si eres mujer te dejan reinar, eso sí, si no tienes ningún hermano varón con la edad que sea, que es lo que se llama “ley agnaticia”.

Me hace gracia porque si buscas en wikipedia ley sálica, te explican lo que es y te advierten que ninguna monarquía europea la sigue hoy en día, a excepción de España, Gran Bretaña y el Principado de Mónaco, que usan su versión más light, pero igual de machista que la otra.

Para empezar, cualquier tipo de monarquía es ya algo arcaico y obsoleto. Dicen que quieren modernizarse, acercarse al “pueblo”, pero no se mueven en lo básico. A mí que la actual Reina vista de Zara me la pela, porque el Diablo también lo hace. Ah no! Que el diablo viste de Prada. Lo que tienen que hacer es cambiar algo que está en su mano, sobre todo cuando tienen dos niñas. Si bien el ser mayor que tu hermano para herederar cualquier cosa es algo bastante injusto, debería basarse en valores, ya por sexo me parece el colmo.

Claro ejemplo está en el actual Rey de España, Felipe es el pequeño, Elena la mayor y Cristina la mediana. Muchos estaréis diciendo que viva la ley agnaticia, porque sino tendríamos una Reina con sus defectos mayores que virtudes, o en detrimento de esta, nos quedaría una Reina con certificado de penales. Una pena.

El día 10 de diciembre podría recordarse como una fiesta para la mujer. Sería el reconomiento para una joven, la más que ha recogido un premio Nobel, por su incontestable labor hacia la educación femenina, negada en muchos países en los que la mujer es poco más que una fábrica de humanos y señora de sus labores de hogar. Que ha dado su vida para mejorar la de otras tantas, que indefensas asisten a su mutilación de libertades sin derecho a réplica.

Era su fiesta. Era un día para celebrar el triunfo de una mujer de pies a cabeza. Ella que recogería su premio ante los representantes de la Casa Real de Oslo, recibía una bofetada unos cuantos países más al sur. El Príncipe y regente de Mónaco, Alberto, proclamaba el nacimiento de sus dos primeros hijos (dentro de su real matrimonio), Gabrielle y Jaques, cuyo nacimiento se produjo la tarde de ayer. Gabrielle es la mayor, pero nada le ha valido nacer antes porque nació con vagina, no con pene. Ese ha sido su error, su gran fallo. Será una segundona, una don nadie mientras su hermano será el gran macho alfa de esa casa. Si bien es triste, estar regidos por una monarquía, más lo es si es tan inmensamente machista.

Lo peor de todo es que estos dos niños no son los primogénitos del Real Príncipe, son su tercero y cuatro hijo respectivamente. La primera fue una niña, Jazmín, y su segundo Alexandre que, a pesar de ser varón, se queda con el título de bastardo. El pichabrava de Alberto no duda en soltar a sus amiguitos a diestro y siniestro mientras en el paraíso de Mónaco todo el mundo calla.

Esto es algo inconcebible, impensable y algo que enerva a cualquiera con un mínimo de conciencia de clase en estos tiempos que vivimos. Mantener a los mantenidos y si son hombres mucho más.

El día de Malala quedó más deslucido si cabe después del asesinato de una mujer y su madre, presuntamente a manos del marido de la primera en Abadiño. Al parecer el presunto autor confesaría su crimen la noche de ayer.

Lo que prometía ser una jornada festiva para la mujer, se tornó en un día gris y triste para todas. ¿Cuánto más tendrá que pasar para cambiar todo esto?

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