Reflexión y recogimiento en Semana Santa

capirote

Queridos cofrades y cofradas, vuestros días de gozo y gloria han llegado. A vosotros me dirijo porque os quiero agradecer los días de fiesta que voy a disfrutar de una manera de lo más pagana posible. Sé que lo entendéis y lo respetáis porque Dios acoge a todos en su rebaño, incluso a los pecadores como una servidora. Ahí radica la grandeza cristiana, en su capacidad del perdón y del respeto. Así que de antemano imploro vuestro perdón ante este post que igual os resulta ofensivo, lejos de toda intención por supuesto.

Lo bueno que tenéis es que vuestra Semana Santa dura más que la del currante medio, lleváis ya unos días celebrando vuestra fiesta, si se le puede llamar fiesta. Porque tanta lágrima, sufrimiento, penitencia, es lo menos parecido a ese santo nombre. Sé que es una semana de recogimiento y dolor porque se ha muerto Jesucristo. ¿Pero va siendo hora de superarlo no? Hace ya unos cuantos siglos.

Vosotros le llamáis “emoción”. ¿Pero por qué esa emoción, si cada año pasa lo mismo? Monte de los olivos, cena con los colegas, traición de uno, negación en modo triplete de otro, crucifixión, dolor de madre, y al tercer día resucitó. Uy, no sé si estas afirmaciones se consideran spoiler.

No sé, mi mente mundana no alcanza a comprender las dimensiones de vuestro fervor y gozo ante unas estatuas paseantes. Si cualquier otro día del año las veis sin inmutaros. ¡Qué alguien me lo explique!

Por otra parte, por si no hubiese sido suficiente con Carnaval, os ponéis unos atuendos que dan más miedito que cualquier máscara de Halloween. ¿De verdad es necesario poner capirotes de esos en cualquier esquina de las Santas Ciudades? No voy a decir lo de siempre, que si el Ku Klux Klan por aquí, que si es algo obsoleto por allá…. No. Simplemente da canguele. Recuerdo una vez paseando por mi ciudad natal y escuchar: turrrrum, turrrum, (ruido de tambores de Semana Santa) y ver a unas personas con capuchas cual verdugo de la Edad Media. Os juro que me sentí como Ana Bolena caminando por el patíbulo. De verdad, poneros en contacto con algún diseñador de pro y que os haga algo más amigable. Un diseño que invite a seguiros, no a salir corriendo.

Otra de las cosas que llaman ferozmente mi atención son las palabras que escuchas de los asistentes a las procesiones. Al paso de cualquier virgen escuchas ¡Guapaaaaaaaaaa!. ¿Esto qué es, una procesión o una obra? En unos años, con los canis en pleno crecimiento, será ¡Tía Buenaaaa! ¡Ayyyy que te metía de todo menos miedo! Id viendo a ver, que yo no tengo esperanzas en la degeneración de la juventud.

Aún así, siempre me ha llamado la atención que llamen “guapa” a una Virgen. ¿Tengo que pensar que a la Santísima Virgen María, madre de Dios hecho hombre, le va a importar su imagen? Probad con otras cosas como, ¡Bendita!, ¡Casta!, ¡Pura!. Llamadme loca, pero creo que ella anda más preocupada por estas cosas que por los rollos de ser la itgirl de la procesión.

En estas fechas siempre está el periodista impertinente que hace la misma pregunta, ¿por qué se emociona usted tanto?, ¿qué es para usted la Semana Santa? Las contestaciones giran en torno a “es una emoción muy grande, un sentimiento indescriptible”. Pero me gustaría desde aquí hacer una mención especial a la sentencia de una paisana que recalcó esta mañana “En Semana Santa te palpita el corazón tan ligero” ¿Cóoooooooomol?; ¿meloxpliquen?

Bueno señores, no me queda nada más que darles mi más sincera enhorabuena por los sacrificios que andan haciendo estos días por el bien de todos. También agradecerles la fina elección de los nombres de sus figuras religiosas. Hoy he leído que han sacado a pasear al Cristo de la Buena Muerte. No sé si es muy adecuado, porque que te crucifiquen buena muerte lo que se dice no es. Aunque claro, no le vas a poner al pobre el Cristo de Malamuerte. Porque si algo tiene la Iglesia es que de malamuerte tiene poco.

Un saludo a todos los feligreses, ¡disfruten de su Semana Santa! y recuerden a ejercer de cristianos todo el año, ¡no se olviden!

Y a los paganos, si bebes no conduzcas esta Semana Santa, ¡y también el resto del año!

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