Y luego dicen que no sabemos inglés…

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Un clásico calificativo a estas nobles gentes que pueblan nuestro país, es el de “nulidad absoluta” al manejo del idioma anglosajón. Los oriundos de esta tierra afirman que hemos nacido sin esa enzima que hace a los suizos ser políglotas y que todavía no se vende en los supermercados. Años de colegio con el inglés como obligatorio no ha conseguido que el ser ibérico alcance la maestría en el dominio del idioma más internacional.

leyendoMuchos son los anuncios de academias que se publicitan en los medios, muchas con métodos que afirman ser infalibles, como el inglés de las 1.000 palabras. Un curso que para realizarlo has de hipotecar tu casa, el coche y hasta a la suegra. En él, se afirma que sabrás inglés si conoces 1.000 palabras de su idioma. El construir frases y demás lo dejamos para los listillos. Así te podrás ir fuera y decir: drink beer, eat meat, dessert cheescake, check, thank you, bye. Lo básico lo consigues, ¿o no? Otra cosa es que el camarero te diga: goodbye Mr Toro Sentado.

Pues bien, basándonos en esta teoría del inglés de las 1.000 palabras hemos descubierto que ya no tienes que pagar un dineral por ese curso, sino que te valdrá con comprar muchas de las revistas de moda para aprender 1.000, 2.000 o 5.000 palabras en el idioma de la Reina Isabel II.

Hoy ya existen muchas revistas enfocadas hacia el mundano proletariado, cosa que se agradece, donde te muestran las tendencias low cost, es decir ropa que puedes encontrar en cualquier centro comercial. El gran Amancio Ortega ha acercado al pueblo llano la ropa más trendy, haciendo su “especial interpretación” de las firmas internacionales. Y esta revista te permite vestir como una it girl, chica-de-moda-crea-tendencias, sin gastarte mucho dinero.

Pues bien, estas revistas son “mini Collins” ya que portan en su interior infinidad de palabras en inglés, que la señora María Moliner estaría pensando que para qué cojones hizo ella un diccionario de uso del castellano. Bien, no vamos a tomarnos esta moda de escribir en inglés con una soplapollez como un piano, sino como un gesto caritativo de la revista para que el españolito de pro pueda aprender el idioma de la isla sin sol por un módico precio, pudiendo así gastarse el dinero en la ropa que en la revista recomiendan. Estas publicaciones tienen básicamente una funcionalidad educativa, que nadie se ha parado a valorar y por consiguiente agradecer.

Hace unos años cuando nos dijeron que nos comprásemos unos leggins en Zara, cuando nosotros siempre nos habíamos comprado las mallas en el Rastro nos quedamos patidifusos con la sonoridad de esta nueva palabra. Nuestro inglés básico nos hizo suponer que los leggins irían para las legs, y ahí se han quedado. Ahora nadie lleva ya mallas, a todas nos encantan los leggins.

Lo mismo ocurrió con los shorts, o pantalones cortos de toda la vida. Bueno de toda la vida no, que a Franco eso de enseñar muslo lo ponía muy nervioso. Así que digamos que serían los pantalones cortos posteriores al año 75.

Hoy está de moda el estilo masculino para las mujeres. Así que puedes incorporar una blazer, también conocida como americana, con unos pantalones boyfriend (no sé ni como denominarlos, María Moliner ilumíname) que son los pantalones vaqueros con forma de chico. He dicho vaqueros por costumbre, pero debería corregir y decir denim, que es lo más trendy (de moda) entre las fashionistas (adoradoras de Satán, digo de la moda)

Quién te iba a decir que el chonismo más odiado en el barrio de Salamanca, el leopardo, cebra y demás estampados que gustosamente se lucen en la periferia, sería un must (lo fundamental en nuestros armarios) al que denominarían “animal print”. Con lo que así se desmarcan claramente de los barrios obreros de la capital.

Pasa lo mismo con los demás estampados: ya no se habla de estampado de flores o escocés, ahora es floral print o tartan (esencial para el estilo college, lo que antes era vestir de colegiala en Carnaval) Aviso, a más de una madre la estáis volviendo loca.

Y es que en las zonas más adineradas de la capital siempre han estado cortados por el mismo patrón, por eso quizás ahora quieran ser como la gente original de barrio. No le gustaban los perro-flautas, pero ahora usan el look boho-chic, es decir hippie pero guay. Odiaban a los punkis, pero ahora pueden llevar el estilo neopunk, ese que han inventado ellos. Le asqueaba el olor a gomina de los rockers, pero ahora pueden ser boho-rockers (lo siento pero no tengo claro qué significa) el fin de semana.
La moda ha avanzado tanto que hay términos para los diferentes estilos de las prendas. Todos en inglés claro, porque aquí no es que no seamos originales, sino que queremos aprender. Por ejemplo los pantalones: boyfriend (de chico), cargo (militares), baggy pants (los “cagaos” de toda la vida), skinny (pitillo)… Y es que en inglés todo tiene más glamour, ¿o creéis que Superman hubiese triunfado igual llamándose superhombre?

Ahora tu no vas al gimnasio, vas tó fashion al gym. El bolso que tienes que parece el que llevaba Pedro Picapiedra a los bolos es un bolso bowling. Y la gente que va a trabajar despeinada, no es que sea poco aseada, es que lleva look messy (que no el futbolista) en el pelo. Cuando vayas a la peluquería y quieras cortarte la melena, hazte un corte midi es decir por encima de los hombros y triunfarás. O si eres de las que más arriesgan puedes hacerte un bob o corte de chico.Para ir a una party (fiesta) lo petarás con smokey eyes, lo que viene siendo ahumado en los ojos. Y cuando te vayas de shopping (compras) no olvides de echar en tu bag (bolsa) unos: stilettos (zapatos de tacón de aguja), un crop top (camiseta que enseña ombligo), una camiseta glitter (con brillos), unos oxford (zapatos con estilo colegio inglés) y un jumpsuit (monocorto).

Así podría seguir con muchas palabras más que he aprendido en estas revistas. Pero creo que he dado a entender que su misión es puramente educativa, en muchos aspectos de la vida. Estilo, código de vestimenta, diccionario de prendas y el fundamental: hacer al individuo español dominar de una manera definitiva el inglés.

Podríamos caer en la tentación de criticar a todas estas revistas por su uso excesivo de palabras en el idioma de Shakespeare. El número de términos en idioma extranjero supera al de idioma materno rozando claramente la línea de lo hortera. Pero yo no voy a amarrarme a esa teoría porque sería cruel y vil por mi parte. Sólo me queda congratularme de su existencia y darle mi más sincero agradecimiento a todas esas cabeceras que nos hacen ser más trendy, más pretty, más chic y sobre todo más smart para destacar sobre la mayoría de los castellanoparlantes.

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