¿Qué hay que ver en Corea del Sur? Te aviso que, si no sabes nada del país, te va a sorprender muchísimo. Y para bien, claro. Vamos, te lo digo yo, que nos alucinó aún sabiendo lo que nos íbamos a encontrar.
En nuestro caso, Corea del Sur llevaba algún tiempo en nuestra lista de destinos pendientes. No porque nos diese pereza, sino por problemas mundiales. De hecho, este año casi se vuelve a frustrar nuestra incursión en uno de los países más bonitos de Asia, por la guerra de Irán, ya que viajábamos con Qatar Airways y nos cancelaron el vuelo.
Teníamos claro que queríamos conocer los lugares imprescindibles que ver en Corea del Sur en primavera y que nos coincidiese el florecimiento del cerezo. No queríamos perder ni la oportunidad de ver ese mágico momento que no pudimos disfrutar en nuestro viaje a Japón, ni de compartirlo con Noa. Es de esos momentos que no se le va a olvidar en la vida. Así que, cogimos a Noa y nos fuimos dos semanas a recorrer el país de norte a sur. Y sí: valió cada hora de vuelo.
Lo que nos encontramos fue un país que no encaja en ninguno de los moldes que teníamos en la cabeza. Ni es Japón, ni es China, ni se parece a ningún otro destino asiático que hayamos visitado. Corea del Sur tiene su propio ritmo, su propia estética y una mezcla de tradición e hipermodernidad que te descoloca en el buen sentido. Los lugares que ver en Corea del Sur van de palacios de la dinastía Joseon a barrios de neón, de templos budistas colgados en la montaña a festivales de cerezos en flor que vas a querer asistir (avisado quedas).
Esta lista no es exhaustiva ni pretende serlo. Es lo que nosotros haríamos si volviéramos, lo mejor de lo mejor de Corea del Sur tras haber estado en el país. Si estás organizando un viaje a Corea del Sur, espero que te ayude a decidir qué priorizar. Aquí va nuestra selección de los 15 lugares imprescindibles que ver en Corea del Sur.
Índice de contenidos
1. El centro de Seúl: palacios, templos y hanoks que ver en Corea del Sur

Si solo puedes con una zona, que sea el centro: aquí están los palacios, el barrio de casas tradicionales y casi toda la historia de la ciudad.
Los palacios del centro: Gyeongbokgung y Changdeokgung
El Palacio Gyeongbokgung es el más grande y el más fotografiado de Seúl. Construido en 1395 como sede de la dinastía Joseon, fue arrasado durante la ocupación japonesa y se reconstruyó a partir de los años noventa. Lo mejor de la visita es el cambio de guardia frente a la puerta Gwanghwamun, que se hace a las 10:00 y a las 14:00 (cerrado los martes) y dura unos veinte minutos. Nosotros lo pillamos y mereció la pena: vestuario, músicos y todo el ceremonial. A Noa le encantó. Eso sí, no nos quedamos el show completo porque había bastante gente y un sol de justicia.
El Palacio Changdeokgung nos gustó más, con diferencia. Es más íntimo, está mejor conservado (es el único que mantiene el estilo arquitectónico original de la dinastía Joseon) y tiene adosado el Jardín Secreto Huwon, que para nosotros fue uno de los lugares imprescindibles que ver en Seúl. Un jardín del siglo XVII con pabellones, un estanque de lotos y árboles de 300 años escondido en plena ciudad. El día que fuimos estaba chispeando y había bastante menos gente que en Gyeongbokgung, así que lo disfrutamos casi en calma.
Dos avisos sobre el Jardín Secreto: se entra solo con visita guiada y a una hora concreta que te asignan, y la entrada va aparte (5.000 wones más, unos 3,30 €). Las plazas se agotan, así que resérvalas online con antelación. Nosotros lo hicimos cuando se abría el plazo y la conseguimos sin problemas.
De cara a la compra de entradas, lo más práctico es comprar la entrada conjunta (Royal Palace Pass), que da acceso a los cuatro grandes palacios más el santuario de Jongmyo por 10.000 wones (unos 6,50 €). Comprando cada palacio por separado sale más caro, así que si vas a ver más de dos, te compensa. Y si puedes, madruga: los palacios a primera hora tienen otra luz y muchísima menos gente.
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Está claro que Seúl es mucho más que el centro histórico, así que me he visto obligada a dedicarle más de un punto de esta lista. En cualquier caso, muy pronto escribiré un post dedicado exclusivamente a qué ver en Seúl para que lo tengáis todo detallado.
Bukchon, Insadong y Hongdae: los barrios del centro de Seúl
A un paseo del Changdeokgung está el barrio hanok de Bukchon, con sus casas tradicionales de tejado curvo subiendo por la ladera y Seúl moderna de fondo. Es bonito, no lo voy a negar, pero a nosotros no nos terminó de enamorar. Es un barrio donde vive gente y hay tramos con horario de visita restringido (de 10:00 a 17:00 entre semana, los domingos cerrado) precisamente porque el turismo aprieta. Cuando fuimos había gente haciendo bastante ruido a pesar de los carteles de silencio, y vimos a personal del barrio llamándoles la atención. Si vas, hazlo entre semana, temprano y con cabeza.
Insadong nos gustó muchísimo. Es el barrio más pintoresco del centro, con tiendas de artesanía, galerías y cafeterías con alma. En una tienda de artesanía le compramos a Noa unos parches que todavía lleva en la mochila. El centro comercial Ssamzigil, en un edificio con patio central en espiral, está lleno de tiendas de diseño local y se pasa un buen rato. De noche el ambiente cambia y también merece la vuelta.
Hongdae fue la sorpresa para Noa. Es el barrio universitario de Seúl, lleno de murales, tiendas de ropa de segunda mano y máquinas de gancho por todas partes, que es lo que a ella le voló la cabeza. Eso y las actuaciones de K-pop que montan los grupos en plena calle, sobre todo por la zona de Eoulmadang-ro. Si viajas con niños o quieres ver la Seúl más joven, párate aquí al caer la tarde, que es cuando se anima.
Si me preguntas por dónde alojarte en Seúl, nosotros nos quedamos en dos hoteles (estuvimos una noche al llegar a Corea y después al final de la ruta otras 3):
Visitar la zona desmilitarizada DMZ de Corea del Sur desde Seúl, ¿es imprescindible?
Una de las excursiones más solicitadas desde Seúl es la visita a la Zona Desmilitarizada, la franja que separa las dos Coreas. Se va en tour organizado (es obligatorio, no se puede ir por libre) y suele incluir el túnel de infiltración, el observatorio con vistas a Corea del Norte y la estación de Dorasan. Mucha gente la pone entre lo imprescindible que ver en Corea del Sur.
Nosotros, sinceramente, decidimos no ir. Nos daba reparo plantarnos a mirar a un país en plena represión como quien va a ver animales a un zoo. Es una opinión personal y entendemos perfectamente al que quiera entender de cerca el conflicto, que tiene todo el sentido del mundo. Simplemente a nosotros no nos terminaba de encajar y preferimos dedicar ese día a otra cosa.
Si tú sí quieres ir, lo más cómodo es reservar la excursión con antelación porque las plazas vuelan, sobre todo en temporada de cerezos.
En la página de Asuntos Exteriores del Gobierno ponen que la Zona Desmilitarizada de Corea del Sur es una zona ‘de alto riesgo’, pero valorad vosotros porque es un lugar con tours continuos y excursiones organizadas, como la que te pongo más abajo.
2. Myeongdong: el barrio más animado que ver en Seúl
Si me preguntas dónde alojarte en Seúl, te digo Myeongdong casi con los ojos cerrados. Nosotros nos quedamos aquí y fue un acierto: es un barrio movidísimo, con muchísima oferta gastronómica, tiendas por todas partes y una combinación de transporte difícil de mejorar. Las líneas de metro que pasan por aquí te llevan a cualquier punto de la ciudad, así que como campamento base para ver Corea del Sur empezando por la capital, pocos sitios mejores.
Myeongdong es sobre todo el reino de las compras y de la comida callejera. Al caer la tarde las calles se llenan de puestos de street food y la cosa se anima de verdad. Probamos el famoso pan de huevo (gyeran-ppang), que está más rico de lo que su pinta promete, y caímos en más de un puesto sin saber muy bien qué estábamos comiendo, que es parte de la gracia. Si quieres saber más sobre qué comer en Corea del Sur te dejo mi post.
Para cenar como dios manda, dos recomendaciones que nos encantaron de distinto nivel. La primera, Myeongdong Kyoja, un clásico del barrio que lleva abierto desde 1966 y que tiene un Bib Gourmand de la guía Michelin (que no es estrella, pero casi mejor: es el reconocimiento a comer de lujo sin arruinarte). Solo tienen cuatro platos en la carta, y el rey es el kalguksu, unos fideos cortados a cuchillo en caldo de pollo que vienen ya con dumplings dentro. Pides en la entrada antes de sentarte, te sientan rápido y la comida sale casi al instante. Un bol de kalguksu y una ración de mandu salen por menos de 15 € los dos. Lo malo que la atención deja bastante que desear (son bastante bordes) y que te obligan a pedir un plato por persona. Como nosotros no íbamos con demasiada hambre y encima, Noa había picado unas brochetas por la calle, nos sobró comida.
La segunda, una barbacoa coreana cerca de nuestro hotel, que es de esas experiencias que hay que vivir al menos una vez: la parrilla en tu propia mesa, la carne chisporroteando y el ritual de envolverla en hojas de lechuga con sus salsas. No es lo más barato del viaje, pero merece la pena.
Y un aviso para compradores: Myeongdong es el epicentro de la cosmética coreana, así que si te interesa el tema, prepara la maleta. Yo aproveché para hacer acopio. También me compré unas New Balance bastante más baratas que en España (las mías habían aguantado diez años heroicos y ya pedían el relevo). Entre la cosmética, la ropa y el calzado, el barrio es una trampa para la tarjeta, pero de las divertidas.
Antes de irte, date una vuelta de noche por la Catedral de Myeongdong, la iglesia católica más antigua de Corea, que iluminada tiene su encanto, y busca las letras gigantes de SEOUL para la foto de rigor.
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¿Conoces Klook, la web de reservas de actividades y transporte especializada en Corea del Sur?
¿Sabías que puedes alquilar un traje tradicional y contratar una sesión de fotos en Seúl?
Nosotros no lo hicimos pero la verdad no me esperaba que fuese tan barato…. Te dejo los precios de la ‘Civitatis Coreana’ que la usamos nosotros mucho. Suele tener más actividades, más paquetes y mejores precios que las webs que usamos y os recomendamos normalmente. Por eso para Corea, os hemos querido plantear esta opción.
¡Os recomendaremos las actividades que reservamos nosotros, así como otras que nos parezca que os pueden interesar!
3. Gangnam: qué ver en el barrio más famoso de Corea del Sur
Gangnam es, sin duda, uno de los lugares que ver en Corea del Sur, sobre todo si has vivido la época del Gagnam Style. A todo el mundo le suena por la canción, pero el barrio es mucho más que el «oppa Gangnam style». Es la zona más rica y moderna de Seúl, llena de rascacielos, tiendas de lujo, restaurantes elegantes y, sí, también clínicas estéticas a patadas. Se llega fácil en metro (línea 2 hasta Samseong o línea 9 hasta Bongeunsa) y da para una buena mañana o tarde combinando lo moderno con algo de historia.
La parada de rigor es la estatua de Gangnam Style, frente a una de las entradas del COEX Mall: dos manos gigantes cruzadas haciendo el gesto de la coreografía. Te subes encima de la plataforma y suena la canción. Noa se negó en redondo a hacer el bailecito, que conste, creo que le pudo la presión de tanta gente mirando. Además, para nosotros de lujo porque había cola para hacerse la foto.
Justo enfrente, cruzando la avenida, está el templo Bongeunsa, y este me parece mucho más TOP en los lugares imprescindibles que ver en Corea del Sur. Es uno de los templos más bonitos de Seúl, fundado en el año 794 durante la dinastía Silla, y tiene una mezcla brutal: linternas de loto y tejados curvos con los rascacielos de Gangnam asomando justo detrás. La entrada es gratuita. Hay un estanque donde la gracia está en colar una moneda desde lejos en un cuenco, ¡Noa estuvo a un dedo de conseguirlo! Encima, con todos los coreanos de alrededor animándola como si fuera la final de algo. De los momentazos que nos llevamos del viaje.
De ahí nos fuimos a la K-Star Road, una avenida con los GangnamDol, unos muñecos enormes dedicados a los grupos de K-pop. Si te va el tema, te entretienes; si no, es un paseo rápido y ya.
Y el plato fuerte: la Starfield Library, dentro del COEX Mall, el centro comercial subterráneo más grande de Asia. Es esa biblioteca de las fotos, con estanterías de 13 metros de altura repletas de libros (unos 70.000) repartidos en dos plantas. El acceso es gratis y puedes sentarte a leer o tomarte un café. Pero lo que de verdad nos dejó sin palabras no fue la biblioteca: fue que al entrar al centro comercial nos encontramos una cola de como 500 personas. La cola más larga de nuestra vida y, a la vez, la más ordenada que hemos visto jamás. Ni un grito, ni un empujón, ni nadie colándose. Muy coreano todo.
Un par de datos útiles: la Starfield Library abre todos los días de 10:30 a 22:00, y el mejor momento para ir es por la mañana temprano, cuando hay menos gente y la luz natural entra mejor para las fotos. El COEX es un laberinto, sin exagerar, así que sigue los carteles hacia «Starfield Library» desde la estación de Samseong y no salgas a la calle. Nosotros tuvimos que buscar una farmacia y flipamos.
¡Consejo! No conduzcas en Seúl. Nosotros nos alquilamos un coche en el aeropuerto para recorrer el país pero por la ciudad el tráfico es un infierno. ¡Mucho mejor moverse en autobús o metro!
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4. Suwon y la Fortaleza Hwaseong: historia que ver cerca de Seúl

Suwon desde la muralla
Si buscas qué ver cerca de Seúl sin alejarte demasiado, Suwon es una de esas paradas que mucha gente se salta y que a nosotros nos sorprendió para bien. Está a una hora escasa de la capital (se puede llegar en metro por la línea 1 o, como hicimos nosotros, en coche, que el trayecto es corto), y su gran reclamo es la Fortaleza Hwaseong, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y uno de los sitios que ver en Corea del Sur si te interesa la historia de la dinastía Joseon.
La fortaleza se construyó a finales del siglo XVIII y tiene una muralla que rodea el centro histórico con cuatro grandes puertas, torres de vigilancia y puestos de mando. Y aquí va el primer consejo práctico, aprendido a base de perdernos: apúntate bien en qué puerta aparcas. Nosotros dejamos el coche en un parking, empezamos a andar y entre tanta muralla y tantas puertas acabamos sin saber por dónde habíamos entrado. Hay varias y se parecen, así que tómalo como aviso para no dar vueltas de más.
Nos dimos la vuelta completa a la muralla porque no encontramos donde habíamos dejado el coche
Subimos a la muralla e hicimos el recorrido completo, que da la vuelta entera y te lleva unas 3-4 horas a buen ritmo. Hay tramos con cuesta y bastantes escalones grandes, así que con niños pequeños o personas mayores hay que tomárselo con calma. A cambio, las vistas de Suwon desde lo alto compensan el esfuerzo, sobre todo desde el puesto de mando de Seojangdae, que es el punto más alto.
En la explanada del Palacio Hwaseong Haenggung hay un espectáculo de artes marciales con actores vestidos de soldados de la época. Lo vimos y había bastante gente alrededor. Te cuento: si te pilla a la hora, está bien y es un buen complemento; si no coincides, tampoco es para reorganizar el día. Suele hacerse hacia las 11:00 (los lunes no hay), pero confirma horarios al llegar porque cambian según temporada.
Pero lo que de verdad nos hizo especial Suwon fue otra cosa: aquí vimos nuestros primeros cerezos en flor de todo el viaje. Después de cancelaciones, vuelos redirigidos y la incertidumbre de si llegaríamos a tiempo para la floración, ver los primeros pétalos en la muralla de Hwaseong fue un momentazo. A Noa le encantó, y a nosotros nos confirmó que habíamos calculado bien las fechas. Solo por eso ya mereció la pena la parada.
Para comer, la zona de Tongdak Street (la calle del pollo frito) es famosa por su pollo coreano, así que si recorres la muralla y acabas con hambre, ya sabes.
5. Andong y la aldea de Hahoe: la Corea del Sur más tradicional

La aldea folclórica de Hahoe sigue habitada hoy, así que no es un museo al aire libre montado para turistas: es un pueblo de verdad donde vive gente. Nos gustó bastante precisamente por eso, por ese aire auténtico que tiene. Desde el aparcamiento de la entrada hasta la aldea hay kilómetro y medio, que puedes hacer andando o en un autobús lanzadera incluido en el precio de la entrada. La entrada para adultos cuesta 5.000 wones (unos 3,30 €), 1.500 para niños, y abre de 9:00 a 17:30 de abril a septiembre (en invierno cierra antes, a las 16:30).
Lo que sí nos quedó pendiente fue la famosa danza de máscaras Byeolsingut (el byeolsingut talnori), un teatro tradicional con máscaras que está incluido en la entrada y que suele representarse hacia las 14:00 ciertos días de la semana. El día que fuimos estaba cerrado, así que no la pudimos ver. Si te interesa, confirma los días y horarios. Nosotros sabíamos que iba a estar cerrado pero nos coincidía justo visitarla ese día en nuestra ruta.
A cambio, lo que sí disfrutamos fue el Museo de Máscaras de Hahoe, junto a la taquilla y también incluido en la entrada. Es mucho más interesante de lo que suena: no solo tiene máscaras coreanas, sino de medio mundo (africanas, mongolas, precolombinas, tailandesas…), todas muy bien conservadas y explicadas. Nos gustó tanto que en la tienda del museo nos compramos un cuadro de máscaras precioso que ahora tenemos colgado en el salón. De los mejores recuerdos que nos trajimos de Corea y te puedo decir del mundo. ¡Nos encanta!
A pocos kilómetros está la aldea de Yangdong, otra aldea tradicional de la dinastía Joseon, también Patrimonio de la Humanidad. Es bastante más rural y tranquila que Hahoe, un poco más «rollo» si vas con prisa, pero el paseo de cerezos junto al lago estaba muy bien y compensó la parada. Nos hizo bastante gracia ver un coche deportivo aparcado delante de una de estas casas tradicionales.
Y para comer, Andong tiene dos platos con fama: el Andong jjimdak (un pollo estofado con verduras y fideos) y el heotjesabap. Si paras a comer por la zona, son la apuesta local.
6. Gyeongju: qué ver en la capital histórica de Corea del Sur

Los templos nos encantaron y los túmulos reales son muy curiosos e interesantes (tienes que entrar al visitable) pero lo que más nos marcó fue el paseo de cerezos en flor que nos encontramos la primera noche, nada más llegar. Gyeongju en temporada de floración se llena de cerezos y verlos iluminados de noche, con Noa flipándolo, fue uno de esos momentos que justifican el viaje entero.
El Parque de los Túmulos y el estanque Wolji
El Parque de los Túmulos (Daereungwon) es la imagen más icónica de Gyeongju: una necrópolis con más de 20 montículos funerarios verdes, redondeados, de hace más de 1.500 años, tumbas de reyes y nobles de la dinastía Silla. Andar entre ellos es rarísimo y precioso a la vez. Dentro puedes entrar a la tumba de Cheonmachong, excavada en 1973, donde ves la estructura por dentro y réplicas de lo que encontraron (coronas de oro, una pintura de un caballo galopando). El parque es gratis y entrar a Cheonmachong cuesta 3.000 wones (unos 2 €). Noa alucinó con los túmulos, parecen colinas de cuento.
Y aquí va un aviso que hay que tomarse muy en serio: está terminantemente prohibido subirse a los túmulos o salirse de los caminos marcados. No es una norma de cara a la galería. Son tumbas reales protegidas como patrimonio nacional, y pisarlas puede acarrearte una multa de hasta 20 millones de wones (unos 13.000 euros). Así que por muy apetecible que sea la foto subido a la colina, ni se te ocurra: te quedas mirando desde abajo, que es como hay que hacerlo. Hay una zona habilitada justo para la foto de rigor con los túmulos de fondo, ahí sí.
Cerca está el Palacio Donggung y el estanque Wolji (el antiguo Anapji), que de día está bien pero de noche es otra cosa: iluminado y reflejándose en el agua es de las estampas más bonitas de la ciudad. Nosotros lo vimos iluminado al atardecer-noche y mereció totalmente la pena esperar a que cayera el sol. La entrada cuesta unos 3.000 wones, y hay una combinada con Cheonmachong por 4.000.
El observatorio Cheomseongdae y el puente Woljeonggyo
El observatorio Cheomseongdae es una torre de piedra del siglo VII, el observatorio astronómico más antiguo que se conserva en Asia oriental. No es muy grande y la visita es rápida, pero tiene su gracia por lo que representa, y de noche con las luces queda muy bonito. Alrededor, en temporada, hay jardines de flores que le dan un puntazo.
Pero si tengo que quedarme con un sitio de Gyeongju después de los cerezos, es el puente Woljeonggyo. Es un puente de madera enorme reconstruido en 2018 siguiendo el original del periodo Silla, y de noche, iluminado y reflejado en el río, es espectacular. Se puede cruzar a pie gratis y está abierto hasta las 22:00. Está justo al lado del pueblo hanok de Gyochon, así que puedes encadenar las dos cosas dando un paseo junto al río.
Para rematar, la calle Hwangnidan-gil es la zona con más ambiente para cenar o tomar algo, llena de tiendas y cafeterías, y el mercado de Seongdong es buena opción para comer barato y local.
7. Los templos en los alrededores de Gyeongju: Bulguksa, Seokguram y Golgulsa

Los cerezos en flor en el templo de Bulgkusa
Gyeongju no es solo lo que ya te he contado. A pocos kilómetros, en la falda del monte Toham, están algunos de los templos más importantes que ver en Corea del Sur, y si te quedas un par de días en la ciudad, merece la pena dedicarles una mañana. ¡Nosotros hicimos así y nos dio tiempo a verlos sin prisas!
El plato fuerte es el templo Bulguksa, una joya del periodo Silla construida en el siglo VIII y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Guarda siete tesoros nacionales de Corea, entre ellos las pagodas de Dabotap y Seokgatap y un par de budas de bronce dorado. Lo malo que, en la época que viajamos, esas maravillas artísticas tuvieron que competir con el florecimiento de los cerezos. ¡Y es que había una exageración de cerezos por todas partes! Nada más llegar, en el parking, miras hacía arriba y lo ves todo rosa. ¡Una pasada!
La entrada es gratuita, aunque tendrás que pagar por el parking si llegas al templo en coche (alrededor de 1€). En cuanto al horario es variable según la época del año, abre a las 9 de la mañana y el cierre es entre las 17 y las 18h. ¡Consúltalo en su página oficial para asegurarte!
Para llegar al templo de Bulguksa: en coche está a unos 16 km del centro de Gyeongju; se llega en los autobuses 10 u 11 en una media hora, y desde el aparcamiento hay un paseíto de unos diez minutos cuesta arriba hasta la entrada.
Justo montaña arriba está la gruta de Seokguram, también Patrimonio de la Humanidad, una gruta budista del siglo VIII que guarda una impresionante estatua de Buda mirando al mar del Este. Nosotros no subimos, y te cuento por qué para que decidas con conocimiento de causa: está a 4 km más arriba, hay que coger otro autobús (el 12, que pasa solo una vez por hora) o subir andando una hora. Por lo que habíamos leído, el espacio dentro es muy pequeño y suele haber tanta mucha gente (sobre todo en temporada alta) que apenas se aprecia la estatua tras un cristal. Con Noa y el tiempo justo, preferimos quedarnos disfrutando de Bulguksa con calma. Si a ti te tira la historia y no te importa el trajín, puede compensarte; es cuestión de prioridades.
El tercero, el templo Golgulsa, es distinto a los otros dos: está construido en la ladera de una montaña alrededor de una imagen de Buda tallada directamente en la roca, en lo más alto. De hecho es el único templo de Corea construido en una roca.
Es famoso porque aquí se practica el Sunmudo, un arte marcial coreano que mezcla meditación y ejercicio físico, y normalmente hay exhibiciones. Éstas se producen una vez al día excepto los martes. En el cartel que vimos no especificaba a qué hora, pero habíamos leído que alrededor de las 11.
Si te interesa el Sunmudo, confirma antes que haya demostración programada, porque sin ella el templo pierde parte de su gracia. Eso sí, ten en cuenta que Golgulsa queda en dirección distinta a Bulguksa y Seokguram, y los autobuses no conectan unos con otros, así que hay que organizarse el día.
Dormir en un templo: el templestay
Una cosa que nos llamó mucho la atención en estos templos fue ver a gente alojada en ellos. Es el llamado templestay, un programa oficial que permite pasar una noche (o solo unas horas, en la versión One-day) conviviendo con los monjes: meditación, ceremonia del té, comida vegetariana y levantarse de madrugada para los rezos. Se reserva por internet en su web y cuesta entre 10.000 y 150.000 wones según el templo y el programa.
Nosotros no lo hicimos, ni estuvo en nuestra mente en ningún momento, la verdad. Me parece una experiencia curiosa, pero levantarme a las cuatro de la mañana a meditar no entra en mi ideal de vida, y con Noa menos. De hecho, si viajas en familia, conviene saber que no todos los programas admiten niños y que en muchos templos el alojamiento está separado por sexos, así que tendríais que dormir cada uno por su lado. Si te tira el rollo y vas sin peques o con adolescentes, puede ser una experiencia única. Te lo dejo por aquí por si te encaja.
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8. Busan: la segunda ciudad importante que ver en Corea del Sur
Busan nos encantó, así de claro. Es la segunda ciudad y un imprescindible que ver en Corea del Sur. Está en su costa sur y tiene una mezcla de playa, montaña, mercados y rascacielos que la hace muy distinta a Seúl. Si buscas qué ver en Busan, vas a tener para rato: a nosotros se nos quedó hasta un pelín apretada de tiempo, porque es grande y hay mucho que abarcar.
Y aquí va el primer consejo práctico, porque es importante: Busan es bastante menos accesible a pie que Seúl. Su geografía, llena de entrantes y salientes de costa, montañas y bahías, hace que las distancias entre puntos de interés sean largas y que andar de uno a otro sea inviable. Vas a depender del metro, el autobús y algún taxi si no tienes coche, así que organiza bien las zonas por días para no perder media jornada en desplazamientos. La tarjeta T-Money te funciona igual que en Seúl.
Agradecimos tener coche en Busan ya que recorrerla a pie es imposible.
Lo que más nos gustó fue la zona del río, con los edificios reflejándose en el agua y el paseo lleno de cerezos en flor y estudiantes haciéndose fotos. Esa estampa, entre lo moderno y lo primaveral, fue muy de Busan y se nos quedó grabada.
La playa de Haeundae, el puente Gwangan y Blueline Park
La playa de Haeundae es la más famosa de Busan y una de las imprescindibles que ver Corea del Sur, y es enorme, una lengua de arena larguísima con la ciudad de rascacielos justo detrás. Nos tiramos un ratito disfrutando de ella (así se nos apretó el día).
Algo curioso para que busques: en el paseo marítimo hay una especie de spa de pies gratuito donde te puedes meter, aunque el agua debía estar ardiendo, porque veías a las señoras saliendo con las piernas rojas hasta media pantorrilla. Nosotros nos quedamos mirando, por si acaso. Además, me da un poco de cosa meter los pies donde todo el mundo tan alegremente. Me ha debido quedar un trauma después de temporada de papilomas en esta casa.
Pegado a Haeundae está el Blueline Park, con las famosas Sky Capsules, unas cápsulas de colores pastel que circulan por la antigua vía del tren junto al mar entre Mipo y Cheongsapo. Seguro que no te la quieres perder de tus imprescindibles que ver en Corea del Sur. Las has visto en mil fotos de Instagram seguro. Son una monada y las vistas desde ahí arriba tienen que ser estupendas, así que apúntalas en tu lista. Un aviso útil: las plazas se agotan rápido, sobre todo al atardecer, así que reserva con antelación.
- Puedes apuntarte a esta excursión que recorre Busan en tranvía y visita distintos puntos de la ciudad. ¡Es bastante curiosa!
La zona de Gwangalli y el puente Gwangan es de lo más bonito de la ciudad, sobre todo de noche, cuando el puente se ilumina y se refleja en la playa. Si puedes, déjalo para una cena con vistas; merece la pena el plan nocturno.
Para los más andarines, hay un sendero costero precioso por el parque Igidae, que recorre acantilados con vistas al puente Gwangan y termina (o empieza) en el Oryukdo Skywalk, una plataforma de cristal colgada sobre el mar. Son unos 5 km y algo más de 1 hora. Víctor lo hizo entero y nosotras lo recogimos al final de la ruta; él volvió encantado con las vistas, así que si te va el trekking suave con mar, es un planazo.
Nosotras lo que hicimos fue ver la plataforma de cristal, subirnos al coche e ir al otro lado. Una vez allí disfrutamos de la zona y nos subimos para ver las vistas de la bahía que merecen bastante la pena, mientras esperábamos a que regresase Víctor.
Comer, pasear y otros planes en Busan
Un par de cosas que hicimos y que recomiendo. Una, hacernos un retrato pintado de esos que te hacen en cinco minutos: los hay por todo Corea, pero el nuestro cayó en Busan y es un recuerdo estupendo y barato. Y dos, algo muy friki: nos tomamos un helado en un Baskin Robbins que se hizo famoso por salir en Stranger Things, y como Noa es muy fan de la serie, fue su momento del día.
La lonja de pescado de Jagalchi es la más grande de Corea y un espectáculo en sí misma, ¡me encantó! Una gozada para hacer fotos. Además, debes saber que en la parte de arriba hay buenas vistas y te puedes subir el pescado o marisco que compres para que te lo cocinen, Y la zona de Nampo-dong, con sus calles comerciales y el mercado de Gukje, es perfecta para callejear, comer en puestos y empaparse del Busan más castizo.
👉 Para dormir, la zona de Haeundae es ideal si quieres playa, y Seomyeon si prefieres estar más céntrico y comunicado
👉 Y si quieres moverte cómodo y ver Busan a tu aire, alquilar un coche te da mucha libertad para la costa y los alrededores.
9. Gamcheon: el pueblo de colores que ver en Busan

Detrás de tanto color hay una historia que merece la pena conocer: Gamcheon nació como un barrio de refugiados de la Guerra de Corea, gente que se instaló en la ladera y se buscó la vida en condiciones durísimas. En 2009, un proyecto artístico con vecinos, estudiantes y artistas lo transformó pintando las casas y llenándolo de murales e instalaciones, y de ahí salió el barrio que se ve hoy.
La gracia de Gamcheon es perderse por sus callejones siguiendo la ruta de los sellos: compras un mapa en el centro de información de la entrada (cuesta un par de euros) y vas coleccionando sellos en distintos puntos mientras descubres los murales y rincones más famosos. Es un planazo con niños, porque convierte la visita en una especie de búsqueda del tesoro. Eso sí, ten en cuenta esto: el barrio es PURA cuesta, todo subir y bajar escaleras. Nosotros fuimos con bastante calor y, cuando terminamos la ruta de los sellos abajo del todo y nos tocó remontar la cuesta. Ve con calzado cómodo, agua y sin prisa.
El icono del barrio es la escultura del Principito y el Zorro, sentados en una barandilla mirando las casas de colores. Es el punto fotográfico estrella y siempre tiene una cola considerable. Nosotros no esperamos, porque no somos de hacer colas para una foto; intenté hacer una de refilón y el señor que controlaba la fila me llamó la atención porque al parecer no se podía. En fin, tú decides cuánto te compensa el ratito de espera.
Y una novedad que te interesa si vas con peques o si eres fan del libro: en marzo de 2026 abrió en Gamcheon el Museo del Principito (The Little Prince House), el primer espacio permanente de Asia dedicado a la obra reconocido por la Fundación Saint-Exupéry. Son cuatro plantas con instalaciones inmersivas, vidrieras y zonas de fotos ambientadas en el cuento (el desierto, la rosa, el asteroide B612).
En Gamcheon puedes programar tu carta al futuro, ¡no dejes de hacerlo!
Lo que sí hicimos y te recomiendo de corazón: en la tienda de postales Daljib puedes escribir una carta y programar que te la envíen en el futuro. Noa escribió la suya y la programó para que le llegue el día de su cumpleaños. La escribió y la echó ella solita al buzón, y nos hizo una ilusión tremenda pensar que dentro de un tiempo le va a llegar a casa una carta escrita por ella misma desde Corea. De esos detalles que hacen el viaje.
👉 Esta excursión por poco más de 20€ te incluye visita a Gamcheon, los tranvías y mucho más. ¡Dura 9 horas! Echa un vistazo.
10. Templo Haedong Yonggungsa: el templo budista junto al mar

El templo se fundó en 1376, durante la dinastía Goryeo, aunque como casi todos en Corea fue destruido en las invasiones japonesas y reconstruido en los años treinta. Para llegar al recinto hay que recorrer una calle llena de puestos de comida y souvenirs, pasar junto a las estatuas de los doce animales del zodiaco y bajar los famosos 108 escalones (que luego, claro, hay que subir de vuelta). El acceso es gratuito y abre de 5:00 a 19:30, más o menos según la estación.
Y aquí va la parte menos buena. El sitio es una maravilla, pero durante nuestra visita, perdió bastante magia por la cantidad de gente que había. Es uno de los lugares más visitados de Busan y se eso se convierte en una procesión en las escaleras. Es algo que hizo que perdiese un poco la magia, sobre todo teniendo en cuenta que Corea del Sur no es un destino masificado,
Quizás, yendo a primera hora de la mañana, que es cuando hay menos gente y el templo se disfruta de verdad; entre semana mejor que en fin de semana, porque los coreanos salen en masa los sábados y domingos a recorrer el país.
Parking al lado del templo: fuimos en coche y aparcamos sin problema en el parking que hay justo al lado de la entrada (es de pago, pero barato). Así que si llevas coche de alquiler, esta es de las visitas cómodas. Si vas en transporte público, desde la estación de Haeundae salen los autobuses 181 o 100 que te dejan a un paseo del templo.
11. Jinhae: los cerezos en flor más famosos que ver en Corea del Sur
Si viajas a Corea del Sur en primavera, hay un sitio que tienes que poner en tu ruta como sea: Jinhae. Esta pequeña ciudad costera del sur celebra el Jinhae Gunhangje, el festival de cerezos en flor más grande y famoso de todo el país, que reúne a unos dos millones de visitantes en apenas diez días. Y nosotros tuvimos la suerte de pillarlo de lleno, con los cerezos en su punto álgido de floración. Después de la odisea del vuelo cancelado y de tener que pillar unos de vuelta in extremis, ver Jinhae explotada de flor fue la recompensa al viaje entero.
El festival se celebra cada año a finales de marzo o principios de abril y las fechas exactas dependen de la floración, que cambia cada temporada. El acceso es gratuito. Como es de los primeros sitios de Corea en florecer, por su latitud sur, es buena referencia para empezar a planear una ruta de cerezos de sur a norte. ¿Y qué pasa los días de festival? Pues además de que los árboles estén a tope de color, la ciudad está decorada, hay puestos de comida y otras cosas por la calle, música… ¡Y mucho ambiente! Fue una suerte que nos coincidiese justo el fin de semana que visitamos Jinhae.
Te cuento los dos sitios estrella, que para nosotros merecieron la pena por igual:

Así es el paseo junto al río
El arroyo Yeojwacheon fue lo más bonito. Es un canal estrecho que cruza la ciudad con cerezos a ambas orillas que se juntan arriba formando un túnel de flores sobre el agua. Cruzando el puente Romance (que se hizo famoso por un drama coreano) la estampa es preciosa, y de noche, con la iluminación, sube todavía más el nivel. Pasear por allí es de esas cosas que se quedan grabadas.
La estación de Gyeonghwa es el otro imprescindible: una antigua vía de tren de unos 800 metros bordeada de cerezos por la que, de vez en cuando, todavía pasa un tren. La imagen de los raíles cubiertos de pétalos con los cerezos a los lados es de las más típicas de la primavera coreana, y tiene su punto, aunque para foto sin gente delante hay que ir a primera hora de la mañana.
Y una cosa que agradecimos: a pesar de los dos millones de visitantes de los que presume el festival, se paseaba bien, sin agobios ni aglomeraciones de las de ir pegado a la espalda del de delante. Incluso pudimos sentarnos a cenar sin problema en un sitio donde tenían una especie de cochinillo a la brasa que estaba para mojar pan. Con Noa fue un planazo: cerezos, ambiente de fiesta, cerdo a la parrilla que le flipó, poco más se puede pedir. Además, el sitio en el que nos sentamos a cenar estaba junto al río, con toda la intención, para ver esta zona iluminada por la noche.

La estación de tren de Jihae
Jinhae no tiene estación de tren propia operativa para turistas, así que lo más práctico es llegar en autobús desde Busan (sale uno desde la terminal de Seobu, una hora de trayecto) o, si te alojas lejos, reservar una excursión organizada que te ahorra el lío del transporte y el aparcamiento en plenos días de festival.
(Próximamente te contamos todo sobre el florecimiento del cerezo en Corea del Sur en un post dedicado: fechas, mejores lugares y cómo organizar la ruta de la flor.)
12. Templo Haeinsa y la Tripitaka Coreana

Así es la Tripitaka Coreana
El templo Haeinsa es de esas visitas que cuesta un poco llegar pero que compensan de sobra. Está metido en plena montaña, dentro del Parque Nacional de Gayasan, y guarda uno de los grandes tesoros de Corea del Sur: la Tripitaka Coreana, una colección de más de 80.000 tablillas de madera con el canon budista completo grabado, talladas en el siglo XIII y conservadas casi intactas desde entonces. Tanto las tablillas como los pabellones de madera que las custodian son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
A nosotros nos encantó todo el complejo, no solo por la Tripitaka. El templo en sí es precioso, con sus pabellones de colores escalonados en la ladera y el bosque rodeándolo todo. Y tuvimos la suerte de pillar una ceremonia budista en plena visita, con los monjes cantando, que le dio un ambiente especial que no esperábamos. De esas casualidades que hacen que una visita se te quede grabada.
La Tripitaka se guarda en unos depósitos de madera diseñados hace siglos con un sistema de ventilación natural que mantiene las tablillas en perfecto estado. No se puede entrar, pero se ven a través de unas rejas, y solo con asomarte ya impresiona pensar en los siglos que llevan ahí. Es el corazón del templo y la razón por la que medio mundo sube hasta aquí.
Datos prácticos: la entrada al recinto es gratuita (lo era de pago hasta hace poco, pero entró en la misma reforma que dejó libres los templos de los parques nacionales), y abre de 8:30 a 17:00 en invierno y hasta las 18:00 en verano. La ciudad grande más cercana es Daegu, una urbe que mucha gente se salta y desde la que salen autobuses directos al templo varias veces al día desde la terminal de Seobu (hora y media de trayecto). Si vas en coche, desde Daegu es algo más de una hora; las carreteras del final se ponen reviradas, pero el paisaje de montaña lo compensa. Desde el aparcamiento o la parada del bus hay un paseo llano de poco más de un kilómetro junto a un arroyo hasta el templo, muy agradable, sobre todo en primavera y en otoño.
Si te sobra tiempo, el Parque Nacional de Gayasan tiene senderos de montaña preciosos para alargar la visita y hacer algo de naturaleza.
👉 No he encontrado ninguna excursión específica solo a este templo, la única ésta combinada con Gyeongju o Busan.
13. Jeonju: la ciudad del bibimbap

Unas mujeres vestidas con hanboks

Una vista
Jeonju es una de esas ciudades que ver en Corea del Sur que se disfrutan a muchísimo. Está al suroeste del país, se la considera la cuna de la dinastía Joseon y, sobre todo, es famosa por dos cosas: su barrio de casas tradicionales y su gastronomía. De hecho, la UNESCO la nombró Ciudad Creativa de la Gastronomía, así que ya te puedes imaginar por dónde van los tiros.
El corazón de la ciudad es el Jeonju Hanok Village, un barrio con más de 700 casas tradicionales coreanas (hanok) de tejado curvo perfectamente conservadas. Nos gustó muchísimo pasear por sus callejones, y una cosa que le da un ambiente muy especial es la cantidad de gente que va vestida con hanbok, el traje tradicional. Es algo muy típico aquí: alquilas el hanbok por unas horas en cualquiera de las muchas tiendas del barrio, te haces las fotos y además en algunos sitios históricos te sale gratus por llevarlo puesto. Ver el barrio lleno de gente con esos trajes de colores, entre las casas antiguas, es una estampa preciosa.
Y llegamos al bibimbap, porque Jeonju es su cuna y aquí dicen que se come el mejor de Corea. Lo probamos, claro, y te doy mi opinión: está bueno, es diferente, pero tampoco fue un plato que nos volviera locos. El bibimbap es un cuenco de arroz con verduras, carne, y salsa picante de gochujang que mezclas todo antes de comer. Eché en falta el huevo, que he visto que lo ponen en muchos platos, pero en el nuestro no llevaba. Si te gusta, este es el sitio para probarlo en su versión más auténtica; a nosotros nos pareció correcto sin más, para que vayas sin expectativas infladas. Aunque ya sabes que para gustos…
Lo que sí nos encantó, y a Noa la primera, fue el Jaman Mural Village, un pequeño barrio en una colina, a un paseo del Hanok Village, lleno de murales de personajes que los peques reconocen al instante: Totoro, Doraemon, el Viaje de Chihiro, Eduardo Manostijeras… Como Gamcheon, nació como barrio humilde de refugiados y el arte lo transformó. Y aquí va un puntazo: cuando fuimos estaba prácticamente vacío, así que pudimos disfrutarlo con calma, hacer las fotos sin colas y dejar que Noa fuera descubriendo personajes a su aire. Una gozada después de la masificación de otros sitios.
Para llegar a Jeonju, lo más cómodo desde Seúl es el tren KTX (hora y media) o el autobús desde el Express Bus Terminal (unas dos horas y media). En una ruta de sur a norte, encaja bien entre Gyeongju o Busan y Seúl.
👉 Si quieres vivir la experiencia completa, en Jeonju puedes dormir en un hanok tradicional, con futón en el suelo y desayuno incluido. Nosotros elegimos un B&B y dormir en una cama, ¡ajajaja!
14. Jeju: la isla volcánica de Corea del Sur
Jeju es la isla grande del sur de Corea, un destino que los coreanos adoran para sus vacaciones y su luna de miel, y cuando la pisas entiendes por qué. Es de origen volcánico, está declarada Geoparque Global por la UNESCO y tiene una naturaleza que no se parece en nada al resto del país: costa de roca negra, cascadas que caen al mar, cráteres, playas y campos de flores. Si buscas qué ver en Jeju, la isla da para varios días sin repetir paisaje.
Lo primero y más importante: aquí el coche de alquiler es prácticamente imprescindible. El transporte público existe pero es lento y te come el día, y los puntos de interés están repartidos por toda la isla. Nosotros nos movimos en coche y fue lo mejor, de hecho si lo hacéis de otra manera hacédmelo saber, pero debe ser bastante complicado porque estaba todo lleno de coches de alquiler. Eso sí, necesitas el permiso de conducir internacional, así que sácatelo antes de salir de casa.
De todo lo que vimos, lo que más nos fascinó fue la costa. El litoral de Jeju es espectacular, con sus formaciones de roca volcánica, sus faros y ese contraste del negro de la piedra con el azul del mar. Podríamos habernos pasado el día parando en miradores.
Y hablando de la costa, hay que mencionar a las haenyeo, las buceadoras tradicionales de Jeju, que son uno de los grandes símbolos de la isla. Son mujeres, la mayoría de entre 60 y 80 años, que se sumergen hasta diez metros sin bombona de oxígeno, aguantando la respiración, para pescar mariscos y moluscos a mano, una técnica que se transmite de generación en generación. Su cultura está reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Nosotros no llegamos a ver a ninguna trabajando (salen según el tiempo y la marea), pero sí vimos las esculturas que las homenajean repartidas por la costa. Si te interesa su historia, en la isla hay un Museo de las Haenyeo dedicado a ellas. Es de esas tradiciones que conviene conocer para entender Jeju más allá del paisaje.
El sur de Jeju: cascadas, acantilados y costa volcánica
El sur, en torno a la ciudad de Seogwipo, concentra algunos de los mejores paisajes de la isla.
En Jeju verás una de las pocas cascadas de Asia que caen directamente al mar.
La cascada Jeongbang es de las más singulares que vas a ver: es de las poquísimas cascadas de Asia que caen directamente al mar, 23 metros de agua precipitándose sobre las rocas con el océano justo delante. Para bajar hay que sortear unas escaleras y caminar entre piedras, así que ve con buen calzado. La entrada cuesta 2.000 wones (algo más de 1 €) y abre de 9:00 a 17:30 (más o menos, comprueba siempre los horarios). Muy cerca está la cascada Cheonjiyeon, distinta pero también preciosa, rodeada de un parque con senderos de madera (misma entrada de 2.000 wones, y esta abre hasta más tarde, sobre las 21:00, así que se puede ver iluminada de noche).
Los acantilados de Jusangjeolli son una pasada geológica: columnas de basalto hexagonales perfectas, como talladas a mano, formadas al enfriarse la lava al contacto con el mar. Y la costa de Yongmeori, al pie del monte Sanbangsan, es de lo más impresionante: paredes de roca esculpidas por el mar durante millones de años por las que se camina en un sendero de unos 30 minutos. Yongmeori solo se puede visitar con marea baja y buen tiempo; si la marea sube o hay mala mar, cierran el acceso (nos pasó, pero no intentamos cuadrarlo), así que conviene mirar los horarios de las mareas antes de ir para no llevarte el chasco. Justo al lado tienes el templo Sanbanggulsa, encajado en la ladera de la montaña con vistas al mar. ¡Muy bonito!
También en la zona, la Roca Oedolgae, una formación volcánica solitaria que se alza sobre el mar rodeada de miradores y caminos fáciles.

Festival de la Colza en Jeju
Y tuvimos un golpe de suerte con las fechas: nos pilló el festival de las flores de colza de Seogwipo (solo un fin de semana al año), con la isla teñida de amarillo por los campos de canola y, a la vez, todo florecido de cerezos. Jeju en primavera, entre el amarillo de la colza, el rosa de los cerezos y el negro de la roca volcánica, es un espectáculo de color que no te esperas.
El norte y el este de Jeju: playas y cráteres
El norte, donde está el aeropuerto y la ciudad de Jeju, tiene playas bonitas como Hamdeok o Iho Tewoo, esta última famosa por sus dos faros con forma de caballo, blanco y rojo, que son de las fotos más típicas de la isla. Por la zona hay también atracciones más temáticas como el Jeju Stone Park o el laberinto de Gimnyeong, que con peques funcionan bien para romper el ritmo de tanto paisaje.
Y para comer, en Jeju hay que probar el cerdo negro (heuk-dwaeji), una raza autóctona de la isla que se hace a la parrilla y es una delicia. La calle del cerdo negro en la ciudad de Jeju está llena de sitios para darse el gusto.
👉 En Jeju el coche es casi obligatorio; aquí puedes comparar precios de alquiler para la isla. ¡Te puedes ahorrar hasta un 70%!
👉 Si no quieres conducir, otra opción es reservar un alquiler con conductor como este.
15. Seongsan Ilchul-bong, el cráter volcánico que ver en Corea al amanecer

El gran momento aquí es el amanecer. El cráter abre una hora antes de que salga el sol precisamente para que puedas subir a verlo desde la cima, y la estampa del sol saliendo sobre el mar desde lo alto del cráter es indescriptible. Yo subí al amanecer y mereció totalmente la pena el madrugón. De hecho tuve que pegarme una buena carrera porque no conté con subir a la cima del cráter, ya os contaré en otro post tranquilamente.
La subida es corta y asequible, unos 20-30 minutos por un sendero bien acondicionado con escaleras y zonas de descanso, así que la puede hacer casi todo el mundo, también con niños o gente mayor (eso sí, hay bastantes escalones en el tramo final). Desde arriba se ve el cráter, la costa este de Jeju y, si el día acompaña, hasta la isla de Udo. Bajas después por otro camino y tienes una vista diferente del cráter.
Datos prácticos: el cráter abre desde una hora antes del amanecer hasta las 21:00 en verano (algo menos en invierno). Importante: cierra el primer lunes de cada mes, así que cuadra bien el día para no plantarte con la puerta cerrada. Hay parking público en la base. ¡Nosotros nos alojamos en un apartamento pegado al parking y con vistas al volcán!
Y muy cerca, a apenas 7-8 minutos en coche, tienes Seopjikoji, un cabo con acantilados, faro y praderas que en primavera se llenan de flores de colza amarillas. Es un paseo precioso y la combinación con el cráter hace un plan redondo para la zona este de la isla.
Más información sobre Corea del Sur
Cuántos días necesitas para visitar Corea del Sur

Corea del Sur en 7 días
Da, contando los días de avión, para ver Seúl y Busan y poco más. Hay viajeros que deciden esta opción si están haciendo un combinado con otro país, normalmente Japón. Pero desde mi punto de vista no es lo ideal porque ambos países tienen tantísimo que ver, que les dedicaría un viaje independiente. Pero, si es lo que quieres tú, las dos ciudades son lo que recomendaría para un viaje por Corea del Sur en una semana.
Corea del Sur en 10 días
Aquí la cosa mejora bastante. Diez días en Corea del Sur te dan para Seúl, Busan y meter por el camino alguna joya como Gyeongju o Jeonju, viajando cómodo en tren bala (KTX) o avión entre ciudades. Lo que no te va a dar tiempo es a incluir Jeju: la isla requiere su vuelo, su coche de alquiler y un mínimo de dos o tres días para que merezca la pena, así que con diez días tendrías que elegir entre Jeju o el resto del país. Nuestro consejo: si solo tienes diez días, déjate Jeju para otro viaje y céntrate en la península.
Corea del Sur en 15 días
Quince días (dos semanas) es lo que hicimos nosotros, y es el tiempo ideal para ver Corea del Sur a fondo sin dejarte lo importante. Con 15 días puedes hacer una ruta completa: las ciudades históricas, Busan, la isla de Jeju con calma, los templos de montaña y Seúl con tiempo de sobra, además de cuadrar festivales como el de los cerezos si vas en primavera. Si puedes permitirte estos días, es la opción que más recomendamos.
Nuestra ruta concreta, con todos los detalles de transporte, alojamiento y qué hicimos cada jornada, la tienes desglosada aquí:
👉 Ruta por Corea del Sur en 15 días
Un apunte sobre el orden: nosotros recorrimos el país de norte a sur, aunque como llegábamos y salíamos desde Seúl, dejamos la capital para el final del viaje. Es una opción tan válida como la contraria; mucha gente empieza por Seúl nada más aterrizar en el aeropuerto de Incheon y va bajando. Nosotros lo organizamos así por cómo nos cuadraban los vuelos y la floración de los cerezos.
Mapa de lugares imprescindibles que ver Corea del Sur
Para que te hagas una idea de cómo queda todo sobre el mapa y puedas organizar tu ruta, aquí tienes un mapa de Corea del Sur con los lugares imprescindibles que hemos ido contando a lo largo del post. Verás que la mayoría de sitios que ver en Corea del Sur se concentran en dos ejes: la mitad occidental, donde están Seúl, Suwon y Jeonju, y la franja sureste, con Andong, Gyeongju, Busan y Jinhae. A esto se suma la isla de Jeju, frente a la costa sur, a la que se llega en avión.
Tener los puntos localizados en el mapa ayuda mucho a entender las distancias y a decidir el orden de la ruta, sobre todo si vas a moverte combinando tren bala (KTX), autobús y coche de alquiler. Como ves, hacer el recorrido de norte a sur (o al revés) tiene toda la lógica, porque los destinos quedan más o menos alineados y evitas dar rodeos.
Estos son los quince lugares que más nos marcaron, pero ya te avisamos al principio de que la lista no era exhaustiva. Corea del Sur tiene mucho más, y seguramente cada familia que la recorra volvería con su propia selección. La nuestra mezcla palacios, templos colgados de la montaña, pueblos de colores, cráteres volcánicos y, sobre todo, cerezos en flor por todas partes, porque tuvimos la suerte de cuadrar el viaje con la floración y eso lo tiñó todo (literalmente) de rosa.
Si algo nos llevamos de vuelta, además de las maletas llenas de cosmética y un cuadro de máscaras para el salón, es que Corea del Sur es un país que se disfruta muchísimo en familia. ¡Encantada de contároslo todo!
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