Viajes de Miedo: 9 historias de terror viajero que te dejarán helado

viajes de miedo

Este post no va sobre cómo conseguir el viaje perfecto, ni de trucos para viajar barato en pareja, ni siquiera os voy a contar datos prácticos para conocer una ciudad en dos días. Este post os va a hacer una verdadera ruta de miedo, vais a leer experiencias terroríficas contadas en primera persona. Si te gusta viajar pero quieres saber a qué te enfrentas realmente ahí fuera, tienes que seguir leyendo.

Y yo, MurZielaGa de la oscuridad, os guiaré cual madame de prostíbulo por el caserón del terror viajero. Abro la veda de lo horripilante para llevaros por un pasillos oscuros y tenebrosos porque ya sabéis… Esto no es lo que pareze… Muajajaja

¡Bienvenidos al Hotel Horroris Causa!

 

HABITACIÓN 237, Patricia y Diego de Vagamundos Viajeros

Un vallenato desesperado busca la muerte en cualquier lado

ballena

Nosotros vimos la muerte de cerca intentando avistar ballenas en Kaikoura, Nueva Zelanda. El mar estaba horrible pero el capitán del barco se empeñó en perseguir a las invisibles ballenas (suponemos que alentado por la política comercial de su empresa por la que si no las veíamos, nos tenían que devolver el dinero).

El mar estaba horrible pero el capitán del barco se empeñó en perseguir a las invisibles ballenas.

A la media hora de trayecto, todo el pasaje al completo estaba mareado, vomitando y suplicando que terminase el tour. ¡Nunca olvidaremos la cara de un niño de unos 10 años que estaba VERDE! Lo pasamos realmente mal, echamos hasta la primera papilla ¡y no vimos ni una ballena! Fue como estar en medio de la persecución loca del capitán Akab tras Moby Dick…

 

HABITACIÓN 69, Sara de Viajar LO CURA todo

El lado más oscuro y tenebroso de un anfitrión de Coachsurfing

habitacion tenebrosa

Con mi expareja encontramos unos vuelos lowcost en 2010 a Goteburgo, pero cuando empezamos a buscar alojamiento, el precio era altísimo (ay los países nórdicos😓). Por lo que empezamos a mirar perfiles de Couchsurfing. Intercambiamos algunos mensajes con un chico que vivía en un pueblo, a una hora de la ciudad y nos pareció suficientemente majo para quedarnos en su casa.

El día acordado nos vino a buscar a la estación de tren, pues era negra noche, y nos llevó a su piso. El chico se disculpó por tener cajas por medio, pero se estaba acabando de mudar. Nos había puesto un colchón en el salón (entre las cajas), pero no le dimos más importancia, pues bastante que nos acogía😊 Al ser tarde, todos estábamos cansados y nos deseó buenas noches, retirándose a su habitación.

Las cajas estaban abiertas y de ellas asomaban unos cuadros, así que no tuvimos ni siquiera que mover nada para verlos bien: en cada cuadro salía el anfitrión vestido con cueros tipo sado, junto con herramientas de tortura, rodeado de rubias tetonas. ¡Una imagen digna de una peli de porno y sumisión! Los dos nos miramos con la misma cara de terror, ya que una única idea pasó por nuestra mente:”¿y ahora qué hacemos?”

En cada cuadro salía el anfitrión vestido con cueros tipo sado, junto con herramientas de tortura, rodeado de rubias tetonas.

Era tarde y estábamos lejos de la ciudad como para irnos, así que decidimos darle el beneficio de la duda y que esas fotos fueran sólo el fruto de un hobby inofensivo. Pero no las teníamos todas de no acabar destripados en una cuneta😞

Al día siguiente,él empezó a hacer planes para pasar todo el fin de semana juntos, como ir con su coche a casa de su madre, que tenía sauna y podríamos hacer cherrypicking. A mi me encanta compartir un rato con mi anfitrión para aprender cosas del país, pero no entraba en mis planes estar 24/7 con él, por lo que amablemente rechacé su propuesta, diciéndole que había cosas que nos interesaba ver. Por si acaso, cogimos las mochilas y nos despedimos.

Nos dejó un comentario neutral por ser “demasiado independientes” y al poco tiempo su perfil había desaparecido de la plataforma…

 

HABITACIÓN 666, Annick Bay de Diabarama

Atrapada en Vietnam, primera parte

diabarama

Os habla una individua cuajada de años y grande de espíritu porque ha vivido ya MOMENTOS DE MUCHO MIEDOOOO… sí, se me ha acabado la leche algunas mañanas al ir a desayunar, he descubierto unas bragas rojas en la colada blanca y, sobre todo, han desaparecido calcetines en la lavadora AUNQUE VIVO SOLA… y sin embargo, nada como el pánico cuando ni siquiera estás en tu país, ni en tu casa.

Corría el año 2006 cuando tuve la desafortunada idea de viajar a Vietnam. En aquel momento vivía en Japón, era un viaje de unas dos horas y media. Fui con mi compañera de aventuras de aquel tiempo, Raquel. Entre unas y otras cosas, y deseando volver a casa porque el viaje no había sido ninguna maravilla, en el taxi de vuelta al aeropuerto de Hanoi de pronto me di cuenta de que nuestros pasajes eran… para el día anterior… Aaaaaaaaah!!! En aquella época, además, se tramitaban los visados justitos para los días exactos en que ibas a estar en el país. Dictadura a rajatabla.

Llegamos al mostrador con cara de tontas, pero no hubo manera de solventar el asunto. Solo aceptaban para el pago tarjetas de crédito, y la nuestra de Japón… era rosa y con un pollito dibujado. Solo servía para algunos cajeros nipones. Los vietnamitas empezaron a llamarse los unos a los otros, señalándonos con el dedo y riéndose en nuestra cara. Creímos que conseguiríamos convencer al jefe de la aerolínea de que nos dejara viajar, dejándo al equipo nuestra documentación y abonando el billete en el aeropuerto de Kansai, en el que hay un cajero válido, y en el último momento dijo que no.

Tras varias vicisitudes que os ahorro por lo penoso que es ver arrastrarse a dos personas (es triste de pidil, pero más triste es de robal) vemos que no queda un alma en el aeropuerto y el último taxi nos dice en nuestra cara que no nos lleva. Así de duro. Toca quedarse a dormir allí. O no, porque un armario de tres puertas vestido de militar nos pilla y nos dice que allí no podemos estar, que el aeropuerto cierra y nos tenemos que ir. Su inglés es rudimentario a más no poder, pero Raquel le entiende lo suficiente como para bajar las escaleras hacia la salida gritando “este puto país de mierda” y otras alabanzas, dejándome sola ante el peligro… y otro tipo que venía preguntando qué pasaba, en un inglés más comprensible. Era un administrativo, que se ofrece a llamarnos un taxi desde la oficina. Llamo a Raquel, y subimos las dos para seguir al vietnamita por unos pasillos laberínticos… sabiendo que hay otro tío enorme armado hasta los dientes… que la civilización está a varios kilómetros y estamos solas, con un visado caducado… y de pronto, nos abre una puerta y nos señala unos colchones en el suelo.

Toca quedarse a dormir allí. O no, porque un armario de tres puertas vestido de militar nos pilla y nos dice que allí no podemos estar, que el aeropuerto cierra y nos tenemos que ir.

En ese momento ves pasar a todas las vírgenes que existen delante de tus ojos y te encomiendas a todas ellas. Peeero, pero, pero, aquel joven te explica que ahí es donde se echan un sueñecito cuando están de turno de noche, que podemos dormir ahí hasta que acabe su turno, que a las 6 AM nos tenemos que ir a escondidas y que a esa misma hora empiezan a circular los autobuses, nos da el número del que nos deja junto a la Embajada Española… y no pasa nada más!

Cómo conseguimos salir de Vietnam fue otra historia y tardamos unos días, aunque al menos no acabamos en la cárcel ni ensartadas por salvajes.

 

HABITACIÓN 419+1, Irene de Mundo Turístico

Recorriendo el sendero de la muerte en Tailandia

mundo turistico tailandia

Fue una tarde de noviembre… pero hacía demasiado calor para parecer Halloween. Pasó en Koh Phi Phi Don, la hermana mayor de aquella donde Leonardo Di Caprio llegaba a una playa paradisíaca en la película ‘The Beach’.

Fiándonos de un hombre del lugar, tomamos un camino en plena montaña cuyo final era un arenal. Entre la inocencia y las ganas de aventuras, iniciamos así un trekking.

Tras unos tres cuartos de hora andando y sin habernos cruzado con ningún otro viajero, me dio por pensar donde estábamos. Ruidos de animales que me imaginaba de todo tipo nos acompañaban y el camino iba siendo cada vez más infernal. Trepar un árbol por aquí; saltar una rama por allá.

Ruidos de animales que me imaginaba de todo tipo nos acompañaban y el camino iba siendo cada vez más infernal.

Cuando me dio por pensar, pensé que no íbamos a salir de allí si no era deshaciendo el camino…y lo pasé mal. Pero el ánimo de mi chico y el tiempo hicieron que ganara un poco de confianza para al final acabar en una de las mejores playas que recuerdo en la isla y en el país: Tohko Beach. ¡Peli de terror con final feliz!

 

HABITACIÓN 1408, Karmen de Un mundo a tu alrededor

Enfrentamiento cara a cara al canibalismo en Bali

monos

Pasando mis vacaciones en Bali uno de los lugares que queríamos visitar era el Monkey Forest, que es una reserva natural en el que existen varios templos, pero por lo que realmente es conocido es por la cantidad de monos que habitan en este lugar.

Un espacio  maravilloso lleno de macacos de todas las edades, pero verdaderamente esta jungla esconde alguna que otra sorpresa; y es que los monos en realidad no son tan buenos como parecen, son traviesos y pequeños diablillos que no sabes que jugarreta te pueden tener preparada a lo largo de tu recorrido por este sorprendente lugar. Un paraje lleno de espesa flora convertida en jungla, donde de repente aparece un macaco y es capaz de quitarte cualquier artilugio que lleves en lo alto.

Te avisan que no es recomendable acercarte a los monos ni darles de comer ya que pueden llegar a ser agresivos, pero claro yo cuando entré en ese lugar y me vi a todos los monitos tan lindos y con esa cara angelical… ¿Qué es lo primero que hago? Acercarme a uno de ellos para hacerle un vídeo a mi sobrina y que me viese como estaba rodeada de lindos monitos.

Te avisan que no es recomendable acercarte a los monos ni darles de comer ya que pueden llegar a ser agresivos.

Y de repente veo a uno y me atrevo hasta a sentarme al lado de el para imitar lo que el estaba haciendo. Al lindo macaco se ve que no le hizo mucha gracia eso de que le imitara y para asustarme no tuvo nada mejor que hacer que sacarme sus largos y afilados dientes. Madre mía, ¡¡¡que susto mas grande me dio…!!! Nada mas entrar me quede asombrada del lugar, de los lindos bonitos y salí más asombrada aun cuando me di cuenta de lo que eran capaces de hacer.

A lo largo de mi recorrido y después de mi gran susto, parece que seguía sin darme cuenta de donde estaba realmente y en una de las paradas que hice apoyé mi móvil en una piedra  sin acordarme que los monos lo quitan todo, literalmente todo!!!

Al lindo macaco se ve que no le hizo mucha gracia eso de que le imitara y para asustarme no tuvo nada mejor que hacer que sacarme sus largos y afilados dientes

Y que pasó…. que de repente yo sentada en la piedra al lado de mi maravilloso móvil que me lo había comprado hacía un meses y me había costado más de 600€ y que aun no tenía ni pagado; vi como de la copa de un caía hacia mí una sombra muy grande… ¿qué es eso? me pregunté yo; era un macaco que vio mi movil y se tiró directamente hacia el. Mis reflejos en ese momento fueron tan sumamente grandes que cuando el mono llegó al móvil ya tenía yo mi mano encima de el. El mono puso su mano en la mía y le dije: !esto es mío! y creo que al final terminé asustándolo yo a el. Y así termina mi terrorífico día.

 

HABITACIÓN BATES, Paloma de Un Blog de Palo

Un hotel barato en Londres que pudo salir muy caro

hotel barato londres

Hay muchas formas de miedo, el temor que nos provocan algunas personas, la incertidumbre hacia lo desconocido y el más allá, la inquietud que nos generan algunos lugares… Hoy os contamos una situación “terrorífico-cómica” por las varias cosas que nos sucedieron, porque un alojamiento y sus huéspedes pueden dar verdadero miedo.

Durante mi experiencia Erasmus fui a visitar a mi mejor amiga a Inglaterra, donde ella pasaba también el suyo, y desde Canterbury nos fuimos a pasar tres días (con sus tres terroríficas noches) a Londres.

El hostel “Smart Hyde Park Inn” estaba bien situado entre Bayswater Station y Queensway Station”, con muchas cosas interesantes que visitar cerca. Cogimos un par de camas en una habitación compartida en la que se distribuían varias literas, había sitio para 10 personas y no había distinción entre hombres y mujeres. La limpieza no era muy allá, las camas no estaban muy nuevas y la decoración era inexistente, sin embargo, lo más extraño que tenía aquel semisótano oscuro era que tenía dos puertas, una que daba acceso al pasillo del “hostel” y otra que daba acceso directamente a la calle.

Nuestro espíritu aventurero nos hizo acercarnos a la puerta y comprobar que aquello no cerraba nada bien y que no nos iba a dar una gran seguridad… aun así, allí nos quedamos, durmiendo con una cierta intranquilidad. Lo más raro que nos ocurrió en aquella estancia londinense fue conocer a algunos de los personajes que poblaban el hostal.

Una noche, mientras nos hacíamos la cena en las cocinas que estaban a disposición de los huéspedes llegó un hombre de unos 45 – 50 años, gesto hosco, desagradable e inquietante y, probablemente, un poco pasado de alcohol en sangre.

El hombre se sentó en un sofá de aquella cocina comedor y se puso a hablarnos en castellano sobre España, sin más dilación nos contó que él era un terrorista de ETA y que se encontraba en Londres viviendo en el hostel porque huía de la justicia.

Nos contó que él era un terrorista de ETA y que se encontraba en Londres viviendo en el hostel porque huía de la justicia.

Cenamos y nos fuimos bastante acongojadas a la habitación, supusimos que aquella historia no era tal y que simplemente era un hombre con mala fortuna que había acabado por alguna otra razón que nada tenía que ver con la violencia armada en aquel lugar… pero el susto no nos lo quita nadie. Las personas y sus historias pueden dar mucho miedo.

 

HABITACIÓN DELPANICO, Ignasi y Alba de Gazpacho y Mochila

Perdidos en la oscuridad con nocturnidad y alevosía en Ubud

tormenta ubud

Podemos sentirnos  orgullosos de que, a lo largo y ancho de nuestros viajes, no hemos sufrido muchos imprevistos. Sin embargo, por mucho que quieras tener todo controlado, siempre habrá algún fallo de Matrix que hará que te desesperes más de la cuenta…y eso nos ocurrió un día cualquiera durante nuestra estancia por Indonesia. Más concretamente, cuando teníamos nuestra ‘base’ en Ubud.

Nos despertamos con la intención de coger la moto y recorrer kilómetros para aprovechar al máximo los pocos días que nos quedaban por Bali, y ese día tocaba irse hasta Munduk, para luego bajar hasta los arrozales de Jatiluwih y finalmente el templo de Pura Luhur Batukau.

Era Febrero, final de la época de lluvias, aunque eso no evitaba que el cielo amenazase con cambiar el sol por un buen chaparrón en lo que canta un cuervo… Con el chubasquero encima, fuimos recorriendo los puntos anteriormente comentados y esquivando las nubes amenazantes. En Munduk, la densa niebla nos hizo tener que ir más lentos de lo normal pero nunca detenernos.

El resto del día siguió igual, estábamos lejos de casa, pero parecía que el tiempo se había puesto a nuestro favor… hasta que nos dio por volver al campamento base… Se nos había hecho tarde, íbamos con una moto de 50cc con toda la velocidad y comodidad que ello conlleva, después de horas de carretera. La carretera se iba oscureciendo por momentos y los coches iban desapareciendo de nuestro camino. Las señales, así como las farolas, brillaban por su ausencia, y el móvil, sin cobertura, apenas podía indicarnos donde estábamos. Continuamos por lo que creíamos que era el camino hasta que, de repente, tuvimos que pararnos en seco.

–          Qué demonios (por decirlo suavemente) hace un río en medio de la carretera¿??¿?¿?¿

–          Éste no es el camino joder!

Delante nuestro se había perdido el rastro de la carretera que ‘supuestamente’ nos llevaba hasta Ubud, y en su lugar, bajaba un torrente de agua.

Hubiésemos querido estar más tranquilos, si no fuese porque estábamos perdidos, a oscuras y, para colmo, teníamos la luz de la reserva de la moto encendida. Tenía todos los ingredientes para ser una película de miedo, solo faltaba que Alba fuese rubia e Ikna afroamericano (por los tópicos de Hollywood y tal…) pero por suerte no fue así, y después de unos minutos de pánico, vimos atónitos como un lugareño con bici pasó como si nada por el torrente, que resultó no ser tan profundo.

Estábamos en el camino correcto hacia Ubud y, por suerte, a muy pocos kilómetros encontramos una gasolinera!

Hubiésemos querido estar más tranquilos, si no fuese porque estábamos perdidos, a oscuras y, para colmo, teníamos la luz de la reserva de la moto encendida.

Al llegar a la Guest House donde nos alojábamos nos explicaron que había habido una gran tormenta que dejó sin luz e incomunicada a gran parte de la ciudad y sus alrededores.

 

HABITACIÓN CECIL, Patrulla Viajera

Terror en la Jaima en Marrakech

halloween

Esta historia transcurrió hace más de 11 años, inmersos en una de las aventuras más esperadas de aquella época.

Llevábamos tiempo planeando una ruta por el desierto y allí nos encontrábamos, a un paso de hacerlo realidad. Partiendo de Marrakech, iniciamos nuestro viaje por varias carreteras infernales hasta llegar al punto donde nos esperaban los bereberes, ¿qué mejor que ellos para hacer de guía por el desierto? A lomos de dromedarios y bajo la atenta mirada de miles de estrellas que, aunque luminosas, poco alumbradoras, hacían que nuestro viaje se tornara interminable.

Transcurridas varias horas y con las heridas provocadas por el roce de la joroba, llegamos al lugar estratégico donde nos asentaríamos esa noche. Nuestros ya queridos compañeros prepararon una hoguera fuera de las jaimas para entrar en calor y aprovechar la luz de las llamas para contarnos historias de su cultura y escalofriantes leyendas del desierto.

 Iniciamos nuestro viaje por varias carreteras infernales hasta llegar al punto donde nos esperaban los bereberes.

Llegados a ese punto de la noche consideré  que no estaría mal perderme alguna de esas historias de seres extraños que merodeaban por el desierto, ya que sino mi estancia allí sería de todo menos tranquila. Fui en busca de mi cepillo de dientes, rebusqué en mis bolsillos con la esperanza de encontrar alguna linterna pero todas estaban en la mochila, dentro de la jaima; por suerte tenía el móvil, ¡menos mal!

La noche era tan cerrada que tuve que hacer memoria para acertar la ubicación de mi jaima.  Dejé al grupo atrás y con el móvil en la mano, a modo de linterna,   intentaba no toparme con alguno de los tranquilos dromedarios que, aun sabiendo dónde estaban , era imposible intuirles. De repente el desierto dejó de ser divertido. Aceleré el paso con cierta decisión, percibí el brillo claro de lo que parecía la tela de la jaima y, con cierto nerviosismo, abrí la puerta de tela con ganas de entrar y sentirme a salvo.

Hubiera sido una buena historia… pero no terminó así: levanté la tela de la jaima y, como si fuera una pesadilla, vi que las mochilas, apiñadas a un lado,  se movían y sonaba a papel arrugado.  – Extrañada,  me acerqué para confirmar que no era un efecto visual y de repente algo saltó y se dirigió a mí a la velocidad del rayo. ¡No podía ser! ¡Las historias que nos acababan de contar los bereberes sobre unas bestias del desierto eran reales! Al parecer, muy poca gente habían podido verlas, pero  yo iba a tener esa suerte en mi primera noche. No pude más que chillar y salir despavorida para librarme de aquel ser.

Las historias que nos acababan de contar los bereberes sobre unas bestias del desierto eran reale

Asusté al grupo.  La oscuridad no ayudaba. No podíamos ver lo que teníamos alrededor. No había lugar donde esconderse.

Cuando los bereberes me preguntaron que les describiera lo que había visto… no podía definir de qué ser se trataba, recuerdo que les dije que era una mezcla de perro y gato, excesivamente ágil y con algo extraño en la cabeza, como con una especie de cuernos enormes, con ojos brillantes… los bereberes se echaron a reír.

No entendía su reacción. Me dijeron que probablemente habría sido un ZORRO DEL DESIERTO: tienen un olfato muy fino y era fácil que nos hubiera detectado a kilómetros y viniera en busca de algún “regalito” de nuestras mochilas; pero nos dijeron que no tendíamos por qué preocuparnos, eran bastante asustadizos. No me tranquilizaron mucho, no solo porque la jaima no se cerraba a cal y canto, sino porque era una simple tela con fácil acceso a cualquier tipo de criatura. No os negaré que fue una de las noche más largas y frías de mi vida. Lo cierto es que nunca sabré lo que realmente ví, pero recordad…nunca os separéis del grupo. Y si se mueven las mochilas… ¡corred!.

Os dejo una foto del maléfico animal que se supone que vi.

zorro del desierto

 

SUITE PRESINDENCIAL, una servidora. MurZielaGa de Esto no es lo que pareze

Atacada por un animal durante un safari en Suazilandia, cerca de Sudáfrica

galago

Una cálida tarde de invierno en Suazilandia nos propusieron alimentar a unas entrañables criaturas llamadas gálagos. Esos bichitos increíbles de grandes ojos a la vista inofensivos se convirtieron en un arma letal en potencia.

En las más absoluta oscuridad teníamos que acudir a alimentar a esos descendientes de los primates que se pirraban por los cachitos de plátano.

Cortad trozos pequeños y os agacháis sobre un tejado (estábamos encima de un muro) y ellos acudirán a comer

Comenzaron a darles de comer y fue mi turno. Corte un trozo pequeñín para los entrañables animalitos hasta que de repente llegó ÉL. El ser más ansioso por la comida que jamás he conocido (después de mi gato) que, mezclado con el diminuto cacho que se coló entre mis dedos supusieron un bocado en mi dedo índice. Noté como si una apisonadora aplastase mis dedos y conseguí quedarme inmóvil para no rasgar la piel y por, otra parte, para no caerme del muro.

lemur suazilandia

Gálago del infierno modo ACTIVE

Cuando el bastardo entrañable me soltó noté cómo empezó a palpitarme el corazón de manera acelerada… en el dedo. ¡Qué dolor #$aF%&*nr! Y ya vi que tenía una minúscula herida con sangre. Me lavé bien y pregunté si tenía que ponerme alguna vacuna o algo. “Estos animales no tienen enfermedades” Y chimpún.

Noté como si una apisonadora aplastase mis dedos

Seguí el resto de mi viaje tan tranquila, hasta que llegué a España y investigué sobre la rabia. No sobrevive prácticamente nadie a la enfermedad y qué queréis que os diga, no tenía ganas de jugármela. ¡Hablé con una amiga médico que me aconsejó vacunarme y eso hice! Así que ya sabéis, ¡cuidadín con los gálagos que los carga el diablo! Y si os muerde algún bicho, ¡a vacunarse!

 

Y hasta aquí la primera edición de las historias de miedo viajeras… ¡Que paséis un gran Halloween!

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