Bienvenidos al viaje más importante de nuestra vida

nursery

Me he animado a escribir este post después de contar varias veces los detalles de mi parto y mis primeros días de vida junto a mi pequeña Noa: los primeros coletazos de lo que será el viaje más importante de nuestra vida. Por ahora solo tengo palabras de agradecimiento debido a los momentos maravillosos que estoy pudiendo vivir. Por ahora está siendo todo bastante fácil y, al igual que a mí me sirvió conocer todas las “maldades” de la maternidad (bastante en la sombra a veces), no está mal relatar la parte buena para que os animéis a darle amiguitos a Noa jejeje. Y, sobre todo, para que sepáis que aunque os cuenten cosas buenas y malas, vuestra experiencia va a ser única e irrepetible. Así que ni os vengáis muy arriba con lo bueno, ni deprimáis con lo malo. ¡Simplemente hay que estar preparadas por si nada es como esperabas, superar baches y descansar menos! Pero a pesar de todo, tened claro que merecerá la pena.

Hay experiencias buenas y malas y, luego, la vuestra que va a ser única.

Pero el desenlace os lo cuento luego. Primero os quiero relatar cómo sucedieron los meses anteriores de embarazo, antes de llegar a ese momento.

Antes de realizar un viaje llega el momento de investigación: literatura de embarazo

libro bebes

Desde el momento en que me quedé embarazada, comencé una labor de investigación para lograr una crianza natural como quería. Lo primero dar las gracias a mi Txiki, que me regaló el gran libro de Carlos González, Comer Amar Mamar, la gran biblia de la maternidad. Con él puedes aprender desde cómo colocarte el niño al pecho, hasta el color de las cacas según la edad del pequeño.

También sigo la fan page de Armando Bastida, que comparte unos posts más que útiles. Y hace poco me recomendaron a Lucía, mi pediatra. ¡Quién me iba a decir que mis redes sociales se repartirían entre bebés y viajes!

Aterrizaje forzoso: me quedé sin trabajo a los dos meses de embarazo

Y así nos pasamos los días desde octubre! Incubando a Noa! 🐼🐈❤👧🏻! #love #cats #pregnant #gato

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Poco después de comunicar mi estado de buena esperanza en el trabajo, me despidieron. No por discriminación ni mucho menos, sino porque cerraba la empresa. Un gran palo después de llevar 13 años trabajando y haber esperado hasta ese momento para ser madre. El disgusto me duró un día exactamente, luego solo podía pensar en que las cosas pasan por algo y que esto me vendría bien para estar descansada y centrada en lo que hoy es mi pequeña.

Preparación física previa al viaje: llegó el momento de ponerse a andar

Caminar ha sido el principal deporte para estar en forma durante todo el embarazo. Además de tonificar la musculatura y prepararla para el parto, me ayudaba a despejarme y, de paso, mecer a mi retoña. Con paso firme y decidido al principio y más lento y sudoroso en el último mes de gestación, todos los días salía a dar un paseo (cuando las condiciones meteorológicas lo permitían, claro)

El día antes de dar a luz completé los 10 kilómetros que solía hacer cada día durante el embarazo

Esto además, me ayudó a no excederme en el peso que gané durante el embarazo (10 kilos al final, que se quedaron en 2 al abandonar el hospital). Aunque no es nada ni mucho menos importante, lo que hay que hacer es comer de todo y bien, el no subir mucho de peso me ayudó a estar más ligera las últimas semanas.

Los primeros 7 meses de embarazo estuve andando 10 km al día (o incluso más) y el último trimestre bajé a 7, sobre todo por el calor de los últimos dos meses.

Preparación mental: a partir de la semana 12 dos días de yoga a la semana

estiramiento yoga embarazo

Y muchas noches más en casa antes de dormir.

Además de salir a andar, me apunté a clases de yoga prenatal. Si estáis embarazadas, os lo recomiendo de todas las maneras posibles. No solo para afrontar el momento del parto, concentrarte y saber respirar, sino porque ayuda a estar ágil durante todo el embarazo y favorece la recuperación postparto. Vamos, una de los aciertos de mi embarazo.

Durante los nueve meses no tuve molestias musculares de ningún tipo. Me pude seguir atando las zapatillas hasta el mismo día del parto y mi energía no sucumbió hasta el último momento (excepto los días de ola de calor jajajaja). Vamos, que me ayudó a seguir haciendo vida normal hasta el último día de embarazo. Y a recuperarme después de dar a luz. ¡Una maravilla vamos!

Es muy importante elegir bien el lugar y ese fue uno de los grandes aciertos: Yoga y Salud en Vallecas. No solo era una clase de yoga, supuso para mi un alivio mental, una enseñanza sobre el embarazo y sobre la vida en general. A principio de las clases comentábamos con las demás embarazadas y con Rosa (nuestra profe) cómo ha ido la semana, tus preocupaciones de cara a la maternidad, dudas sobre alimentación, la dura cara de los primeros días tras el parto… Vamos, que no está pagado todo lo que aprendí en las clases de Rosa… ¡Ha pasado menos de un mes desde que lo dejé y ya lo echo de menos! Aunque volveré a yoga postparto.

Talleres preparto, clases preparto, talleres de lactancia, de porteo… un viaje al corazón centrar del embarazo

Todo a lo que me pude apuntar fue poco. Elegí ir a unas clases preparto que no estaban en mi centro de salud, porque me comentaron que eran geniales y que la matrona las llevaba muy bien. Se llama María José y trabaja en el Centro de Salud Federica Montseny de Vallecas y lo recomiendo totalmente!

En Yoga y Salud nos enseñaron a respirar de cara al parto y a utilizar nuestra voz como analgesia

Aunque si hay un taller que recuerdo con cariño fue uno que hice en el propio centro de Yoga y Salud con el papá de Noa. Nos enseñaron a respirar para el parto y a utilizar la voz como analgesia y para favorecer la dilatación. Mi parto no hubiese sido tan maravilloso sin lo que aprendí ese y los otros días de yoga. Me dieron toda la confianza y positivismo para ver el parto como el final de una etapa y el principio de otra mejor.

Viaje gastronómico: dieta equilibrada y… obsesión por el dulce

Otra de las cosas por las que creo que no engordé demasiado durante el embarazo fue dejar de beber cerveza. En mi vida habitual suelo comer bastante sano (a grandes rasgos, nada de libro) pero me pierden las cervezas y las tapas. Ese es mi vicio y dejarlo fue casi para mí como hacer dieta.

¡Eso sí! ¡De repente mi cuerpo sintió la necesidad de comer dulce! ¡Qué horror! ¡Yo que siempre he sido de salado! jajajaja ¡Un deseo irrefrenable de chocolate y de tarta red velvet!

Un embarazo bastante asintomático es hoy un bonito recuerdo

Digo bastante asintomático pero eso no quiere decir que perfecto. Me salieron granos en la cara durante los tres primeros meses y el último mes me levantaba unas 4 veces cada noche para hacer pis. Por no hablar del exceso de calor que tuve las últimas semanas, ¡parecía que se me había estropeado el termostato! También tenía el cerebro literalmente frito. Se me olvidaban las cosas, los nombres, me dispersaba viendo series…

El embarazo me frió el cerebro literal: me olvidaba de todo

Pero del resto nada. Ni vómitos, ni ciática, ni acidez, no se me hincharon los pies, no retuve líquidos…

No os puedo confirmar si esto fue gracias a la genética, a la suerte, al ejercicio o al yoga. ¡Pero así fue!

Llegó el día del viaje: un parto fácil, rápido e indoloro

parto Noa

Si me llegan a decir que mi parto iba a ser así, jamás me lo hubiese creído. Cierto es que no me asustaba nada ese momento, ni me agobiaban las personas que me contaban sus malas (o buenas) experiencias. Sabía que yo iba a tener la mía y confiaba en poder llevarlo de la mejor manera posible: cada contracción sería una menos.

Y llegó el gran día. Esa mañana fui a revisión como la semana anterior y la anterior. Llevaba dos semanas con 2 cm de dilatación y el cuello borrado al 50%. Fui a monitores y tenía contracciones regulares pero no de parto. Así que mi ginecóloga procedió a explorarme y ¡oh sorpresa! Estaba dilatada de 3 cm y pico y el cuello borrado al 70. Me comentaron que con esa dilatación, lo inteligente sería provocarme el parto porque corría riesgo el cuello del útero al estar tan abierto y soportar más tiempo el peso que llevaba encima. ¡Así que estuve de acuerdo y me quedé en el hospital!

Era la 1 de la tarde, el papi se fue a casa a por la bolsa y yo le dije: tú tranquilamente, ya sabes cómo va esto. Así que come y demás y ya te vienes.

Mientras el se fue, me cambié y me fueron poniendo la vía con el suero entre idas y venidas de la matrona para atender a las demás parturientas. Me puso oxitocina artificial pero muy despacio, para ver cómo iba reaccionando mi cuerpo. Pedí una pelota de pilates y me puse a pasear por la sala de dilatación descalza, dándome golpes con el gotero. Al rato me trajeron la bola de pilates y comencé con mis respiraciones y a usar mi voz. Y ¡bang! las contracciones comenzaron una tras otra… 137, 140, 125… Eran bastante intensas pero lo estaba llevando bien. Pero mi cabeza no paraba de pensar en si habían empezado así, cómo iba a soportar el resto de las horas sin epidural… Además, sabiendo que más difícil soportar un parto con oxitocina sin epidural.

El papi me llamó y me dijo que ya venía al hospital y yo tenía que concentrarme para hablar en alguna contracción. Pero no lo llevaba mal. Por ahora no me estaba pareciendo difícil, pero estaban siendo bastante seguidas.

Entonces apareció la matrona y me dijo que si estaba bien, que estaban viendo el ritmo y nivel de contracciones y que se preguntaban si no me estaba muriendo de dolor. Le dije que no, que por ahora estaba bien. A ver me dolía, pero nada ni mucho menos como me esperaba. Entonces me dijo que si quería ponerme la epidural tenía que ser ya, porque viendo el nivel y frecuencia de las contracciones no podría ser mucho más tarde. “Claudiqué” y vinieron a pincharme.

A pesar de no estar sintiendo mucho dolor con las contracciones y de que funcionase mi voz como analgesia, el miedo a lo que se avecinaba hizo que me pusiese la epidural.

Tardaron más de media hora en ponerme la epidural porque me estaban dando contracciones muy seguidas y en cada una tenía que avisar y paraban. Eso sí, me enorgullece decir que no me moví en ninguno de los latigazos que ahora notaba en mis riñones. Estuve en todo momento centrada en respirar y en sacar la voz. ¡Y funcionaba! Y eso que estas estaban siendo más fuertes. Vaya, justo cuando me estaban pinchando la columna. Finalmente consiguieron ponérmela y me dijeron que ya no podía moverme de la cama. ¡Pero si solo había estado una media hora en la bola de pilates! ¿Y ahora cómo iba a dilatar yo? Pensé… ahora me quedan aquí mil horas.

Llegó el papi y yo ya estaba tumbada en la cama y le dije… “oye esto me ha dejado de doler, yo creo que se me han parado las contracciones. Mira a ver si está bien puesto el gotero de la oxitocina”. En ese momento me acojoné máximo porque pensé que se podía haber parado la dilatación por la anestesia. Pronto lo descubriría porque llegó la matrona a hacerme un tacto. “Estás de 7” “¿Perdonaaaa?” Estaba ya de 7 cm y sólo hacía una hora que me habían puesto la oxitocina. A eso se referían con el ritmo de mis contracciones.

Se fue la matrona y me puse a relatar al papi todo lo que había pasado durante su ausencia, que si me habían enganchado la vía y casi me la arrancan, que me tropecé dos millones de veces con el gotero, que si había una mujer gritando cual niña del exorcista… Bla bla bla… Pasa media hora y le digo: “oye estoy notando como a la niña muy abajo. Creo que tengo ganas como de empujar”.

Fue todo muy rápido, dilaté en menos de dos horas.

A todo esto apareció una auxiliar y se lo comento. Me dice que cuánto hace que me habían explorado y le dije que como media hora. Y me dice “nada, tranquila, es muy pronto” Digo “vale, pues nada, serán cosas mías”. Pero ya 10 minutos más tarde le dije al súper papi que pulsase el botón porque yo creía que Noa ya venía. Vino la matrona y me exploró “Efectivamente, estás completa. Vamos a empezar a empujar cuando te notes que viene la contracción. Tienes que bajar a la niña 4 planos. Cuando ya esté cerca,a llamo a tu ginecóloga para que baje” La verdad es que notaba las contracciones muy bien. No eran dolorosas pero sí intensas por lo que entiendo que no me pusieron mucha cantidad de epidural y que estaba muy bien puesta.

Empecé a empujar y ya tuvo que llamar a mi ginecóloga. Pasó todo tan rápido que casi no nos dio tiempo a darnos cuenta que ya venía Noa. Tanto es así que rompimos a llorar de la emoción. Todavía lo recuerdo ahora y me pongo a llorar irremediablemente. ¡Estaba siendo todo tan bonito! Al rato llegó mi ginecóloga y seguimos con la labor de parto.

“No te asustes pero ha bajado el latido de la niña, eso es que viene con vuelta de cordón. Así que si consigues sacarla de un pujo, no intervengo. Seguro que puedes así que venga empuja fuerte” Lo que antes me estaba pareciendo imposible, me quedaba sin aire y me mareaba, ahora fue algo fácil. Saqué todas mis fuerzas y empujé para traer al mundo a la pequeña Noa. Eran las 4 de la tarde. Solo habían pasado 3 horas desde que ingresé sin estar de parto.

No te asustes pero ha bajado el latido de la niña, eso es que viene con vuelta de cordón. Así que si consigues sacarla de un pujo, no intervengo. Seguro que puedes así que venga empuja fuerte

Cuando salió estaba super blanquita. Me la pusieron encima un segundo pero se la llevaron a la cunita de enfrente para comprobar si respiraba bien. En el momento que la separaron de mi piel se puso a berrear con fuerza. ¡Parece que estaba perfecta! Y ya me la devolvieron.

pie bebe

Mientras mi ginecóloga me dijo que sólo tenía que darme un punto, hasta que vio el interior. Mi pequeña Murzielaguita salió con el brazo izquierdo por delante  y me hizo un desgarro que tenían que reparar. No me importaba, porque ya tenía en brazos a mi cosita.

Una vez terminaron nos dejaron solos a los tres y fueron momentos inolvidables. Al ratito la peque se empezó a chupar el puñito y digo venga, voy a acercarla al pezón a ver si se engancha sola. ¡Y se hizo la magia! ¡Empezó a chupar como si no hubiese un mañana! Un momento magnífico y la mejor manera para comenzar con la lactancia.

Noa se enganchó muy bien al pecho al rato de empezar con el piel con piel

Los días posteriores fueron geniales. Los puntos no me dolían nada, lo que sí me dolió fue el coxis. ¡No había reparado nunca en la existencia de ese hueso hasta entonces! Esto sí que tardó en dejar de dolerme, sobre todo cuando me tiraba mucho tiempo sentada.

La nena comió y durmió bien y cuando nos fuimos del hospital había perdido 200 gr (que recuperó en una semana después).

Y nos fuimos a casa a enfrentar el postparto. Este sí era el momento que más temía pero lo afronté con mucha positividad (como mi vida en general, no os creáis que fue a posta jejeje) Y los días transcurren de manera genial. La niña come, duerme, ríe, llora, tiene gases y reflujo que nos han dado un par de malas noches y bastante dolor a la peque y lágrimas a la mami. ¡Se te parte el alma cuando la ves retorcerse de dolor por la acidez!. Pero parece que ya lo hemos solucionado con masajitos y ranitidina.

Por ahora nos está dejando descansar mucho, sobre todo por las noches. Se despierta una vez de madrugada y luego ya por la mañana. Durante el día requiere de mi atención absoluta (¿se nota que no paso por aquí mucho no?). Es decir, es un trabajo 24 horas pero no puedo ser más feliz. Pero sin duda es el más gratificante 🙂

Pero he llorado. ¡Claro que he llorado! Y me he sentido como nueva cuando me han consolado. Cuando la peque se retorcía de dolor con el reflujo y ser incapaz de calmarla, he encontrado las palabras reconfortantes y unos brazos que me rodeaban a mí. Porque las hormonas están ahí y no las puedes controlar y porque cuando te conviertes en mamá sufres elevado a la enésima potencia. Aunque la mayoría de las veces ha sido de felicidad, al cantarle a Noa, al verla dormir, al darle de comer… ¡Todo te emociona! Tantas sensaciones nuevas que arañan tu alma tan sensible en esos momentos. ¡Pero también son momentos preciosos que vais a compartir los tres! 😀

Una de las mejores cosas es que le encanta la calle y los bares y, desde que nació, estamos todo el día saliendo a tomar el aperitivo, a comer o a cenar y se porta de lujo siempre!

También me gustaría destacar la labor del papi durante todo este viaje. No ha podido portarse mejor conmigo durante el embarazo, me lo ha puesto todo muy fácil. Ha tenido mucha paciencia y no lo puedo querer más por eso. Durante el parto fue un gran apoyo y ahora en nuestra etapa de padres un pilar fundamental. ¡Te quiero con toda mi alma pequeño!

Los papis tienen un papel fundamental en todo este gran viaje: su apoyo y compañía es fundamental.

Y esto es lo que os puedo contar de los primeros 10 meses (embarazo y primer mes postparto) del gran viaje de nuestra vida. He querido escribir esto porque al igual que me gustó leer los momentos duros y difíciles que habéis pasado muchas, me encantó leer las buenas experiencias que también habéis compartido. Vuelvo a repetir que no puedo estar más agradecida con la vida por haberme hecho estos momentos tan fáciles. Pero qué coño, también me lo he currado para intentar que así fuese.

Ya sea azar, genética, casualidad o fruto de la perseverancia, pero no puedo decir nada malo de este gran viaje que hemos emprendido. Sé que queda muchísimo por delante y solo deseo que sea igual de bueno como hasta ahora.

2 Comments

  • ana dice:

    Pero si tu trabajabas en C***n *r***
    Como que 13 años??

    • MurZielaGa dice:

      ¡Buenos días Ana!
      Muchas gracias por tu comentario, aunque quizás no te llegue al correo porque parece un tanto “común”. Mi corazón alberga la esperanza de que sea verdadero porque no me gustaría que te quedases con esa inquietud sobre mis años trabajados. Aunque espero que, ya que me conoces en persona y pareces estar bastante pendiente de mi blog, entres a comprobar si te he respondido.
      Es una pena que de todo el artículo solo te haya llegado mis años de experiencia laboral, que sí, son 13. Parece que la comprensión lectora (y la ortografía tampoco, por cierto) no es uno de tus fuertes. No pasa nada, yo te lo explico para que puedas volver a conciliar el sueño otra vez.
      En C****n *r*** (no pienso dar publicidad gratuita a nadie) trabajé 10 años y casi dos meses. Antes de eso ya había trabajado dos años y después otro año más. Ahora mismo estoy de baja por maternidad, pero en un par de meses estaré encantada de escuchar cualquier oferta por tu parte.
      Un besi amigui

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